Las aventuras de Tom Sawyer

LES AVENTURES DE TOM SAWYER

   Capítulo XI

   CHAPITRE XI

   Cerca de mediodía todo el pueblo fue repentinamente electrificado por la horrenda noticia. Sin necesidad del telégrafo —aún no soñado en aquel tiempo—, el cuento voló de persona a persona, de grupo a grupo, de casa a casa, con poco menos que telegráfica velocidad. Por supuesto, el maestro de la escuela dio fiesta para la tarde: a todo el pueblo le habría parecido muy extraño si hubiera obrado de otro modo.

   Sur le coup de midi, l’horrible nouvelle se répandit dans le village comme une traînée de poudre. Point besoin de télégraphe, auquel d’ailleurs on ne songeait pas à l’époque où se passe ce récit. Bien entendu, le maître d’école donna congé à ses élèves pour l’après-midi. S’il ne l’avait pas fait, tout le monde l’eût regardé d’un mauvais œil.

   Una navaja ensangrentada había sido hallada junto a la víctima, y alguien la había reconocido como perteneciente a Muff Potter: así corría la historia. Se decía también que un vecino que se retiraba tarde había sorprendido a Potter lavándose en un arroyo a eso de la una o las dos de la madrugada, y que Potter se había esquivado en seguida: detalles sospechosos, especialmente el del lavado, por no ser costumbre de Muff Potter. Se decía además que toda la población había sido registrada en busca del «asesino» (el público no se hace esperar en cuanto a desentenderse de pruebas y llegar al veredicto), pero no habían podido encontrarlo. Había salido gente a caballo por todos los caminos, y el sheriff tenía la seguridad de que lo cogerían antes de la noche.

   On avait retrouvé un couteau ensanglanté auprès du cadavre du docteur, et ce couteau avait été identifié : il appartenait à Muff Potter, disait-on. Circonstance aggravante pour ce dernier, un villageois attardé l’avait surpris vers les deux heures du matin en train de faire ses ablutions au bord d’un ruisseau, chose vraiment extraordinaire pour un gaillard aussi sale, et qui d’ailleurs s’était aussitôt éclipsé. On avait déjà fouillé tout le village, mais sans succès, pour mettre la main sur le « meurtrier » (le public a vite fait, comme on le voit, de faire son choix parmi les témoignages, et d’en tirer ses propres conclusions). Des cavaliers étaient partis à sa recherche dans toutes les directions et le shérif se faisait fort de l’arrêter avant le soir.

   Toda la población marchaba hacia el cementerio. Las congojas de Tom se disiparon, y se unió a la procesión, no porque no hubiera preferido mil veces ir a cualquiera otro sitio, sino porque una temerosa inexplicable fascinación, le arrastraba hacia allí. Llegado al siniestro lugar, fue introduciendo su cuerpecillo por entre la compacta multitud, y vio el macabro espectáculo. Le parecía que había pasado una eternidad desde que había estado allí antes. Sintió un pellizco en un brazo. Al volverse se encontraron sus ojos con los de Huckleberry. En seguida miraron los dos a otra parte, temiendo que alguien hubiera notado algo en aquel cruce de miradas. Pero todo el mundo estaba de conversación y no tenía ojos más que para el cuadro trágico que tenían delante.

   Tous les habitants de Saint-Petersburg se dirigèrent vers le cimetière. Oubliant ses peines, Tom se joignit à eux. Une sorte d’horrible curiosité le poussait. Il se faufila au milieu de la foule et aperçut l’effroyable spectacle. Il lui sembla qu’il s’était écoulé un siècle depuis qu’il avait visité ces lieux. Quelqu’un lui pinça le bras. Il se retourna et vit Huckleberry. Les deux garçons échangèrent un long regard. Puis ils eurent peur qu’on ne lût leurs pensées dans leurs yeux et ils se séparèrent. Mais chacun était bien trop occupé à échanger ses réflexions avec son voisin pour leur prêter attention.

   «¡Pobrecillo! ¡Pobre muchacho! Esto ha de servir de lección para los violadores de sepulturas. Muff Potter irá a la horca por esto, si lo atrapan». — Tales eran los comentarios. Y el pastor dijo: «Ha sido un castigo; aquí se ve la mano de Dios».

   « Pauvre garçon ! Pauvre jeune homme ! Ça servira de leçon à ceux qui profanent les tombes !

    – Muff Potter n’y coupera pas. Il sera pendu.

    – C’est un châtiment envoyé par le Ciel ! » déclara le pasteur.

   Tom se estremeció de la cabeza a los pies, pues acababa de posar su mirada en la impenetrable faz de Joe el Indio. En aquel momento la muchedumbre empezó a agitarse y a forcejear, y se oyeron gritos de «¡Es él!, ¡Es él!, ¡Viene él solo!»

   Tom frissonna de la tête aux pieds. Son regard venait de se poser sur Joe l’Indien. À ce moment, un murmure courut dans la foule.

    « Le voilà ! Le voilà ! C’est lui !

   — ¿Quién?, ¿quién? — preguntaron veinte voces.

   – Qui ? Qui ? firent plus de vingt voix.

   — ¡Muff Potter!

   – Muff Potter.

   — ¡Eh, que se ha parado! ¡Cuidado, que da la vuelta! ¡No le dejéis escapar!

   – Attention, il va s’échapper ! Ne le laissez pas partir !

   Algunos, que estaban en las ramas de los árboles, sobre la cabeza de Tom, dijeron que no trataba de escapar, sino que parecía perplejo y vacilante.

   — ¡Vaya un desparpajo! —dijo un espectador—. Se conoce que ha sentido capricho por venir y echar tranquilamente un vistazo a su obra...; no esperaba hallarse en compañía.

   – Quelle audace diabolique ! remarqua un badaud. Il vient contempler son œuvre. Il ne devait pas s’attendre à trouver tant de monde. »

   La muchedumbre abrió paso, y el sheriff ostentosamente, llegó conduciendo a Potter, cogido del brazo. Tenía el citado la cara descompuesta y mostraba en los ojos el miedo que le embargaba. Cuando le pusieron ante el cuerpo del asesinado tembló como con perlesías y, cubriéndose la cara con las manos, rompió a llorar.

   Les gens s’écartèrent et le shérif apparut poussant devant lui le pauvre Potter. Des quidams juchés dans les arbres au-dessus de Tom firent remarquer qu’il ne cherchait pas à se sauver. Il était seulement indécis et perplexe. Il avait le visage décomposé et ses yeux exprimaient l’épouvante. Lorsqu’il se trouva en présence du cadavre, il se mit à trembler et, se prenant la tête à deux mains, éclata en sanglots.

   — No he sido yo, vecinos —dijo sollozando—; mi palabra de honor que no he hecho tal cosa.

   « Ce n’est pas moi qui ai fait cela, mes amis, dit-il entre deux hoquets. Je vous le jure sur ce que j’ai de plus cher, ce n’est pas moi.

   — ¿Quién te ha acusado a ti? — gritó una voz.

   – Qui vous accuse ? » lança une voix.

   El tiro dio en el blanco. Potter levantó la cara y miró en torno con una patética desesperanza en su mirada. Vio a Joe el Indio, y exclamó:

   Le coup parut porter. Potter releva la tête et jeta autour de lui un regard éperdu. Il aperçut Joe l’Indien et s’exclama :

   — Joe, Joe! ¡Tú me prometiste que nunca...!

   « Oh ! Joe, tu m’avais promis de ne rien…

   — ¿Es esta navaja de usted? — dijo el sheriff, poniéndosela de pronto delante de los ojos.

   – C’est bien ton couteau ? » lui demanda le shérif en lui présentant l’arme du crime.

   Potter se hubiera caído a no sostenerle los demás, ayudándole a sentarse en el suelo. Entonces dijo:

   Potter serait tombé si on ne l’avait pas retenu.

   Ya me decía yo que si no volvía aquí y recogía la... — Se estremeció, agitó las manos inertes, con un ademán de vencimiento, y dijo: «Díselo, Joe, díselo todo... ya no sirve callarlo».

   « Quelque chose me disait bien que si je ne revenais pas le chercher… » balbutia-t-il. Alors il fit un geste de la main et se tourna vers le métis. « Raconte-leur ce qui s’est passé, Joe… Raconte… Maintenant ça ne sert plus à rien de se taire. »

   Huckleberry y Tom se quedaron mudos y boquiabiertos, mientras el desalmado mentiroso iba soltando serenamente su declaración y esperaban a cada momento que se abriría el cielo y Dios dejaría caer un rayo sobre aquella cabeza, admirándose de ver cómo se retrasaba el golpe. Y cuando hubo terminado y, sin embargo, continuó vivo y entero, su vacilante impulso de romper el juramento y salvar la mísera vida del prisionero se disipó por completo, porque claramente se veía que el infame se había vendido a Satán, y sería fatal entrometerse en cosas pertenecientes a un ser tan poderoso y formidable.

   Muets de stupeur, Tom et Huckleberry écoutèrent le triste personnage raconter à sa manière ce qui s’était passé au cimetière. Ils s’attendaient d’une minute à l’autre à ce que la foudre lui tombât sur la tête pour le punir, mais, voyant qu’il n’en était rien, ils en conclurent que le misérable avait vendu son âme au diable et que en rompant leur serment ils ne pourraient rien contre lui. Du même coup, Joe devint pour eux l’objet le plus intéressant qu’ils eussent jamais contemplé, et ils se proposèrent intérieurement de suivre tous ses faits et gestes, dans la mesure du possible, afin de surprendre le secret de son commerce avec le maître des enfers.

   — ¿Por qué no te has ido? ¿Para qué necesitabas volver aquí? — preguntó alguien.

   « Pourquoi n’es-tu pas parti ? demanda-t-on à Potter.

   — No lo pude remediar..., no lo pude remediar —gimoteó Potter—. Quería escapar, pero parecía que no podía ir a ninguna parte más que aquí.

   – Je ne pouvais pas faire autrement, gémit celui-ci. Je voulais me sauver, mais tout me ramenait ici. » Et il se remit à sangloter…

   Joe el Indio repitió su declaración con la misma impasibilidad pocos minutos después, al verificarse la encuesta bajo juramento; y los dos chicos, viendo que los rayos seguían aún sin aparecer, se afirmaron en la creencia de que Joe se había vendido al demonio. Se había convertido para ellos en el objeto más horrendo a interesante que habían visto jamás, y no podían apartar de su cara los fascinados ojos.

   Resolvieron en su interior vigilarle de noche, con la esperanza de que quizá lograsen atisbar alguna vez a su diabólico dueño y señor.

   Joe ayudó a levantar el cuerpo de la víctima y a cargarlo en un carro; y se cuchicheó entre la estremecida multitud... ¡que la herida había sangrado un poco! Los dos muchachos pensaron que aquella feliz circunstancia encaminaría las sospechas hacia donde debían ir; pero sufrieron un desengaño, pues varios de los presentes hicieron notar:

   Joe l’Indien répéta sous serment sa déclaration précédente, puis il aida à poser le corps de sa victime sur une charrette. On chuchota dans la foule que la blessure s’était rouverte et avait saigné un peu. Les deux garçons espérèrent que cet indice allait aiguiller les soupçons dans la bonne direction mais, encore une fois, il n’en fut rien et quelqu’un remarqua même :

   «que ese Joe estaba a menos de una vara cuando Muff Potter cometió el crimen».

   « C’est en passant devant Potter que le cadavre a saigné. »

   El terrible secreto y el torcedor de la conciencia perturbaron el sueño de Tom por más de una semana; y una mañana, durante el desayuno, dijo Sid:

   Pendant une semaine, Tom fut tellement rongé par le remords que son sommeil s’en ressentit et que Sid déclara un matin au petit déjeuner :

   — Das tantas vueltas en la cama y hablas tanto mientras duermes, que me tienes despierto la mitad de la noche.

   « Tom, tu as le sommeil si agité que tu m’empêches de dormir. »

   Tom palideció y bajó los ojos.

   Tom baissa les yeux.

   — Mala señal es ésa —dijo gravemente tía Polly—. ¿Qué traes en las mientes, Tom?

   « C’est mauvais signe, remarqua tante Polly. Qu’est-ce que tu peux bien avoir derrière la tête, Tom ?

   — Nada. Nada, que yo sepa... — pero la mano le temblaba de tal manera que vertió el café.

   – Rien, rien du tout, ma tante. » Pourtant, les mains de Tom tremblaient tellement qu’il renversa son café.

   — ¡Y hablas unas cosas! —continuó Sid—. Anoche decías: «¡Es sangre, es sangre!, ¡eso es!» Y lo dijiste la mar de veces. Y también decías: «¡No me atormentéis así..., ya lo diré!» ¿Dirás qué? ¿Qué es lo que ibas a decir?

   – « Et tu rêves tout haut, ajouta Sid. Tu en racontes des choses ! L’autre nuit, tu as dit : « C’est du sang, du sang. Voilà ce que c’est ! » Tu as dit aussi : « Ne me torturez pas comme ça… Je dirai tout. » Qu’est-ce que tu as donc à dire, hein ? »

   El mundo daba vueltas ante Tom. No es posible saber lo que hubiera pasado; pero, felizmente, en la cara de tía Polly se disipó la preocupación, y sin saberlo vino en ayuda de su sobrino.

   Tom se crut perdu, mais tante Polly vint inopinément à son secours.

   — ¡Chitón! —dijo—. Es ese crimen tan atroz. También yo sueño con él casi todas las noches. A veces sueño que soy yo la que lo cometió.

   « Je sais bien ce que c’est, moi, dit-elle. C’est cet horrible crime. J’en rêve toutes les nuits, je rêve même quelquefois que c’est moi qui l’ai commis. »

   Mary dijo que a ella le pasaba lo mismo. Sid parecía satisfecho. Tom desapareció de la presencia de su tía con toda la rapidez que era posible sin hacerla sospechosa, y desde entonces, y durante una semana, se estuvo quejando de dolor de muelas, y por las noches se ataba las mandíbulas con un pañuelo. Nunca llegó a saber que Sid permanecía de noche en acecho, que solía soltarle el vendaje y que, apoyado en un codo, escuchaba largos ratos, y después volvía a colocarle el pañuelo en su sitio. Las angustias mentales de Tom se fueron desvaneciendo poco a poco, y el dolor de muelas se le hizo molesto y lo dejó de lado. Si llegó Sid, en efecto, a deducir algo de los murmullos incoherentes de Tom, se lo guardó para él.

   Mary déclara qu’elle aussi en avait des cauchemars, et Sid parut satisfait. À la suite de cet incident, Tom se plaignit, pendant une huitaine, de violents maux de dents, et, la nuit, se banda la mâchoire pour ne pas parler. Il ne sut jamais que Sid épiait souvent son sommeil et déplaçait le bandage. Petit à petit, le chagrin de Tom s’estompa. Il abandonna même l’alibi du mal de dents qui devenait gênant. En tout cas, si son frère apprit quelque chose, il le garda soigneusement pour lui.

   Le parecía a Tom que sus compañeros de escuela no iban a acabar nunca de celebrar «encuestas» con gatos muertos, manteniendo así vivas sus cuitas y preocupaciones. Sid observó que Tom no hacía nunca de coroner[1] en ninguna de esas investigaciones, aunque era hábito suyo ponerse al frente de toda nueva empresa; también notó que nunca actuaba como testigo..., y eso era sospechoso; y tampoco echó en saco roto la circunstancia de que Tom mostraba una decidida aversión a esas encuestas y las huía siempre que le era posible. Sid se maravillaba, pero nada dijo. Sin embargo, hasta las encuestas pasaron de moda al fin, y cesaron de atormentar la cargada conciencia de Tom.

   Après l’assassinat du docteur, ce fut la grande mode à l’école de se livrer à une enquête en règle lorsqu’on découvrait un chat mort. Sid remarqua que Tom refusait toujours d’y participer malgré son goût pour les jeux nouveaux. Enfin, les garçons se fatiguèrent de ce genre de distractions et Tom commença à respirer.

   Todos los días, o al menos un día sí y otro no, durante aquella temporada de angustia, Tom, siempre alerta para aprovechar las ocasiones, iba hasta la ventanita enrejada de la cárcel y daba a hurtadillas al asesino cuantos regalos podía proporcionarse. La cárcel era una mísera covacha de ladrillo que estaba en un fangal, al extremo del pueblo, y no tenía nadie que la guardase; verdad es que casi nunca estaba ocupada. Aquellas dádivas contribuían grandemente a aligerar la conciencia de Tom.

   Tous les jours, ou tous les deux jours, Tom saisissait une occasion favorable pour se rendre devant la fenêtre grillagée de la prison locale et passer en fraude à l’« assassin » tout ce qu’il pouvait. La prison était une espèce de cahute en briques construite en bordure d’un marais, à l’extrémité du village, et il n’y avait personne pour la garder. En fait, il était rare d’y rencontrer un prisonnier. Ces offrandes soulageaient la conscience de Tom.

   La gente del pueblo tenía muchas ganas de emplumar a Joe el Indio y sacarlo a la vergüenza, por violador de sepulturas; pero tan temible era su fama, que nadie quería tomar la iniciativa y se desistió de ello. Había él tenido muy buen cuidado de empezar sus dos declaraciones con el relato de la pelea, sin confesar el robo del cadáver que le precedió, y por eso se consideró lo más prudente no llevar el caso al tribunal por el momento.

   Les gens du village avaient bonne envie de faire un mauvais parti à Joe l’Indien pour avoir déterré le cadavre de Hoss Williams, mais il effrayait tout le monde et personne n’osait prendre une initiative quelconque à son égard. D’ailleurs, il avait pris soin de commencer ses deux dépositions par le récit du combat, sans parler du vol de cadavre qui l’avait précédé. On trouva plus sage d’attendre avant de porter le procès devant les tribunaux.

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