Las aventuras de Tom Sawyer

LES AVENTURES DE TOM SAWYER

   Capítulo XXI

   CHAPITRE XXI

   Las vacaciones se acercaban. El maestro, siempre severo, se hizo más irascible y tiránico que nunca, pues tenía gran empeño en que la clase hiciera un lucido papel el día de los exámenes. La vara y la palmeta rara vez estaban ociosas, al menos entre los discípulos más pequeños. Sólo los muchachos espigados y las señoritas de dieciocho a veinte escaparon a los vapuleos. Los que administraba míster Dobbins eran en extremo vigorosos, pues aunque tenía, bajo la peluca, el cráneo mondo y coruscante, todavía era joven y no mostraba el menor síntoma de debilidad muscular. A medida que el gran día se acercaba todo el despotismo que tenía dentro salió a la superficie: parecía que gozaba, con maligno y rencoroso placer, en castigar las más pequeñas faltas. De aquí que los rapaces más pequeños pasasen los días en el terror y el tormento y las noches ideando venganzas. No desperdiciaban ocasión de hacer al maestro una mala pasada. Pero él les sacaba siempre ventaja. El castigo que seguía a cada propósito de venganza realizado era tan arrollador a impotente que los chicos se retiraban siempre de la palestra derrotados y maltrechos. Al fin se juntaron para conspirar y dieron con un plan que prometía una deslumbrante victoria. Tomaron juramento al chico del pintor-decorador, le confiaron el proyecto y le pidieron su ayuda. Tenía él hartas razones para prestarla con júbilo, pues el maestro se hospedaba en su casa y había dado al chico infinitos motivos para aborrecerle. La mujer del maestro se disponía a pasar unos días con una familia en el campo, y no habría inconvenientes para realizar el plan. El maestro se apercibía siempre para las grandes ocasiones poniéndose a medios pelos, y el hijo del pintor prometió que cuando el dómine llegase al estado preciso, en la tarde del día de los exámenes, él «arreglaría» la cosa mientras el otro dormitaba en la silla, y después harían que lo despertasen con el tiempo justo para que saliera precipitadamente hacia la escuela.

   Les vacances approchaient. Le maître se fit encore plus sévère et plus exigeant car il voulait voir briller ses élèves au tournoi de fin d’année. Sa baguette et sa férule ne chômaient pas, du moins avec les jeunes écoliers. Seuls y échappaient les aînés, garçons et filles de dix-huit à vingt ans. Les coups de fouet de M. Dobbins étaient particulièrement vigoureux, car malgré la calvitie précoce qu’il cachait sous une perruque, son bras ne donnait aucun signe de faiblesse, comme il sied à un homme dans la force de l’âge. À mesure qu’approchait le grand jour, sa tyrannie latente s’exprimait de plus en plus ouvertement. Il semblait prendre un malin plaisir à punir les moindres peccadilles. Si bien que les petits écoliers passaient le jour dans la terreur, et la nuit à ruminer des projets de vengeance. Ils ne manquaient aucune occasion de jouer un mauvais tour au maître. Mais dans ce combat inégal, le maître avait toujours une bonne longueur d’avance. À chaque victoire de l’adversaire, il répondait par un châtiment d’une telle sévérité que les garçons quittaient immanquablement le champ de bataille en piteux état. Ils finirent, en une véritable conspiration, par mettre au point un plan qui promettait une réussite éblouissante. Ils entraînèrent dans leurs rangs le fils du peintre d’enseignes et lui firent jurer le silence. Le maître, qui logeait dans la maison de ses parents, lui avait donné de bonnes raisons de le détester ; aussi se réjouissait-il de ce projet. La femme du vieil instituteur devait partir pour quelques jours à la campagne. Rien ne s’opposerait donc à la bonne marche du complot. Le maître d’école se préparait toujours aux grandes occasions en buvant passablement la veille. Le fils du peintre profiterait du petit somme où l’auraient plongé ses libations, pour « faire ce qu’il avait à faire ». Il n’aurait plus qu’à le réveiller à l’heure dite pour l’accompagner en hâte à l’école. Le temps passa et le grand soir arriva.

   En la madurez de los tiempos llegó la interesante ocasión. A las ocho de la noche la escuela estaba brillantemente iluminada y adornada con guirnaldas y festones de follaje y de flores. El maestro estaba entronizado en su poltrona, con el encerado detrás de él. Parecía un tanto suavizado y blando. Tres filas de bancos a cada lado de él y seis enfrente estaban ocupados por los dignatarios de la población y por los padres de los escolares. A la izquierda, detrás de los invitados, había una espaciosa plataforma provisional, en la cual estaban sentados los alumnos que iban a tomar parte en los ejercicios: filas de párvulos relavados y emperifollados hasta un grado de intolerable embarazo y malestar: filas de bigardones encogidos y zafios; nevados bancos de niñas y señoritas vestidas de blanco linón y muselina y muy preocupadas de sus brazos desnudos, de las alhajas de sus abuelas, de sus cintas azules y rojas y de las flores que llevaban en el pelo; y todo el resto de la escuela estaba ocupado por los escolares que no tomaban parte en el acto.

   À huit heures, l’école ouvrit ses portes. Elle était brillamment illuminée et décorée de couronnes, de feuillages et de fleurs. Le maître présidait devant son tableau noir. Sa chaire trônait sur une estrade surélevée qui dominait toute l’assemblée. Il était visiblement éméché. Les notables et les parents d’élèves avaient pris place sur des bancs en face de lui. À sa gauche, sur une plate-forme de circonstance, se tenaient, assis en rangs serrés, les élèves qui devaient prendre part aux exercices de la soirée : petits garçons horriblement gênés dans leur peau et leurs vêtements trop propres, adolescents gauches, fillettes et jeunes filles noyées sous une neige de batiste et de mousseline, toutes visiblement conscientes de leurs bras nus, des petits bijoux de la grand-mère, de leurs bouts de rubans roses et bleus, et de leurs cheveux piqués de fleurs.

   Los ejercicios comenzaron. Un chico diminuto se levantó y, hurañamente, recitó lo de «no podían ustedes esperar que un niño de mi coma edad hablase en público», etc., etc., acompañándose con los ademanes trabajosos, exactos y espasmódicos que hubiera empleado una máquina, suponiendo que la máquina estuviese un tanto desarreglada. Pero salió del trance sano y salvo, aunque atrozmente asustado, y se ganó un aplauso general cuando hizo su reverencia manufacturada y se retiró.

   Les exercices commencèrent. Un bambin vint gauchement réciter : « Qui s’attendrait à voir sur scène un enfant de mon âge… » Ses gestes mécaniques et saccadés rappelaient ceux d’une machine quelque peu déréglée. Mais il réussit à aller jusqu’au bout malgré sa peur et se retira sous les applaudissements après avoir salué d’un geste artificiel.

   Una niña ruborizada tartamudeó «María tuvo un corderito», etc., hizo una cortesía que inspiraba compasión, recibió su recompensa de aplausos y se sentó enrojecida y contenta.

   Une fillette toute honteuse récita en zézayant : « Marie avait un petit mouton », fit une révérence pitoyable, eut sa bonne mesure d’applaudissements et se rassit, rouge d’émotion, ravie.

   Tom Sawyer avanzó con presuntuosa confianza y se lanzó en el inextinguible discurso «O libertad o muerte» con briosa furia y frenética gesticulación, y se atascó a la mitad. Un terrible pánico le sobrecogió de pronto, las piernas le flaquearon y le faltaba la respiración. Verdad es que tenía la manifiesta simpatía del auditorio..., pero también su silencio, que era aún peor que la simpatía. El maestro frunció el ceño, y esto colmó el desastre. Aún luchó un rato, y después se retiró, completamente derrotado. Surgió un débil aplauso, pero murió al nacer.

   Tom Sawyer s’avança, la mine assurée, et se lança avec une belle fureur et des gestes frénétiques dans l’immortelle et intarissable tirade : « Donnez-moi la liberté ou la mort. » Hélas ! saisi par un horrible trac, il dut s’arrêter au beau milieu, les jambes tremblantes et la voix étranglée. Il est vrai que la sympathie de la salle lui était manifestement acquise. Son trou de mémoire aussi, ce qui était pire. Le maître fronça les sourcils et cela l’acheva. Il ne put reprendre pied et se retira dans une totale déconfiture. Une brève tentative d’applaudissements mourut d’elle-même.

   Siguieron otras conocidas joyas del género declamatorio; después hubo un concurso de ortografía; la reducida clase de latín recitó meritoriamente. El número más importante del programa vino después: «Composiciones originales», por las señoritas. Cada una de éstas, a su vez, se adelantó hasta el borde del tablado, se despejó la garganta y leyó su trabajo, con premioso y aprensivo cuidado en cuanto a «expresión» y puntuación. Los temas eran los mismos que habían sido dilucidados en ocasiones análogas, antes que por ellas, por sus madres, sus abuelas a indudablemente por toda su estirpe, en la línea femenina hasta más allá de las Cruzadas. «La amistad» era uno, «Recuerdos del pasado», «La Religión en la Historia», «Las ventajas de la instrucción», «Comparación entre las formas de gobierno», «Melancolía», «Amor filial», «Anhelos del corazón», etcétera, etcétera.

   Après « Le garçon se tenait sur le pont du navire en flammes », « L’Assyrien descendit » et autres chefs-d’œuvre déclamatoires, les auditeurs eurent droit à des exercices de lecture et à un concours d’orthographe. La maigre classe de latin s’en tira avec honneur. Enfin ce fut le grand moment de la soirée : celui des « compositions originales » des jeunes filles. Chacune à son tour s’avança jusqu’au bord de l’estrade, s’éclaircit la voix, brandit son manuscrit orné d’un beau ruban, et entreprit une lecture laborieuse où l’« expression » et la ponctuation faisaient l’objet d’un soin extrême. Les thèmes étaient ceux qui avaient déjà servi à leurs mères, leurs grand-mères, et sans doute à leurs ancêtres, du même sexe en ligne directe depuis les Croisades : « L’Amitié », « Les Souvenirs des jours passés », « La Religion dans l’Histoire », « Le Pays du rêve », « Les Avantages de la culture », « Les Formes du gouvernement politique comparées et opposées », « La Mélancolie », « L’Amour filial », « Les Aspirations du cœur ».

   Una característica que prevalecía en esas composiciones era una bien nutrida y mimada melancolía; otra, el pródigo despilfarro de «lenguaje escogido»; otra, una tendencia a traer arrastradas por las orejas frases y palabras de especial aprecio, hasta dejarlas mustias y deshechas de cansancio; y una conspicua peculiaridad, que les ponía el sello y las echaba a perder, era el inevitable a insoportable sermón que agitaba su desmedrada cola al final de todas y cada una de ellas. No importa cuál fuera el asunto, se hacía un desesperado esfuerzo para buscarle las vueltas y presentarlo de modo que pudiera parecer edificante a las almas morales y devotas. La insinceridad, que saltaba a los ojos, de tales sermones no fue suficiente para desterrar esa moda de las escuelas, y no lo es todavía; y quizá no lo sea mientras el mundo se tenga en pie. No hay ni una sola escuela en nuestro país en que las señoritas no se crean obligadas a rematar sus composiciones con un sermón; y se puede observar que el sermón de la muchacha más casquivana y menos religiosa de la escuela es siempre el más largo y el más inexorablemente pío. Pero basta de esto, porque las verdades acerca de nosotros mismos dejan siempre, mal sabor de boca, y volvamos a los exámenes.

   On retrouvait chez tous ces « auteurs » la même mélancolie jalousement cultivée, l’amour immodéré du « beau langage » inutile et pompeux, enfin l’abus de mots si recherchés qu’ils en devenaient vides de sens. Mais ce qui faisait la particularité unique de ces travaux, ce qui les marquait et les défigurait irrémédiablement, c’était l’inévitable, l’intolérable sermon qui terminait chacun d’eux à la façon d’un appendice monstrueux. Peu importait le sujet. On était tenu de se livrer à une gymnastique intellectuelle inouïe pour le faire entrer coûte que coûte dans le petit couplet d’usage où tout esprit moral et religieux pouvait trouver matière à édification personnelle. L’hypocrisie flagrante de ces sermons n’a jamais suffi à faire bannir cet usage des écoles. Aujourd’hui encore, il n’y en a pas une seule dans tout notre pays, où l’on n’oblige les jeunes filles à terminer ainsi leurs compositions. Et vous découvrirez que le sermon de la jeune fille la plus frivole et la moins pieuse de l’école est toujours le plus long et le plus impitoyablement dévot. Mais assez disserté. Nul n’est prophète en son pays. Revenons au Tournoi.

   La primera composición leída fue una que tenía por título «¿Es eso, pues, la vida?» Quizá el lector pueda soportar un trozo:

   La première composition s’intitulait « Est-ce donc là la vie ? » Peut-être le lecteur pourra-t-il supporter d’en lire un extrait :

   En la senda de la vida, ¡con qué ardientes ilusiones la fantasía juvenil saborea de antemano los goces de las fiestas y mundanos placeres! La ardorosa imaginación se afana en pintar cuadros de color de rosa. Con los ojos de la fantasía, frívola esclava de la moda se ve a sí misma en medio de la deslumbrante concurrencia, siendo el centro de todas las miradas. Ve su figura grácil, envuelta, en níveas vestiduras, girando, entre las parejas del baile, ávidas de placeres: su paso es el más ligero; su faz, la más hermosa.

   « Dans les sentiers habituels de la vie, avec quelle délicieuse émotion le jeune esprit ne regarde-t-il pas vers quelque scène anticipée de réjouissances ? La folle du logis s’évertue à peindre de douces couleurs ces images de joie. La voluptueuse adoratrice de la mode s’imagine, au sein de la foule en fête, la plus regardée de ceux qui regardent. Sa silhouette gracieuse parée de robes de neige tourbillonne entre les groupes de joyeux danseurs. Ses yeux sont les plus brillants, son pas est le plus rapide de toute l’allègre assemblée.

   El tiempo transcurre veloz en tan deliciosas fantasías, y llega la ansiada hora de penetrar en el olímpico mundo de sus ardientes ensueños. Todo aparece como un cuento de hadas ante sus hechizados ojos, y cada nueva escena le parece más bella. Pero en breve plazo descubre que bajo esa seductora apariencia todo es vanidad; la adulación, que antes encantaba su mente, ahora hiere sus oídos; el salón de baile ha perdido su pérfido encanto; y enferma y con el corazón destrozado, huye convencida de que los placeres terrenales no pueden satisfacer los anhelos del alma.

   À de si douces fantaisies, le temps passe bien vite et l’heure tant attendue arrive enfin de son entrée dans ces champs élyséens dont elle a tant rêvé. Combien féerique apparaît tout ce qui touche son regard. Chaque scène est plus charmante que la précédente. Mais vient le temps où elle découvre sous ces belles apparences que tout est vanité. La flatterie qui jadis a charmé son âme grince alors rudement à son oreille. La salle de bal a perdu de ses attraits. La santé ruinée et le cœur rempli d’amertume, elle se détourne avec la conviction que les plaisirs terrestres ne peuvent satisfaire les aspirations de l’âme. » Etc., etc.

   Y así seguía y seguía por el mismo camino. De cuando en cuando, durante la lectura, se alzaba un rumor de aprobación, acompañado de cuchicheos como «¡Qué encanto!» «¡Qué elocuente!» «¡Qué verdad dice!»; y cuando, al fin, terminó con un sermón singularmente aflictivo, los aplausos fueron entusiastas.

   Des murmures d’approbation, ponctués d’exclamations à voix basse, accompagnaient de façon intermittente cette lecture : « Comme c’est charmant ! » « Quelle éloquence ! » « Comme c’est vrai ! » Cela se termina par un sermon particulièrement affligeant, et les applaudissements furent enthousiastes.

   Después se levantó una muchacha enjuta y melancólica, con la interesante palidez nacida de píldoras y malas digestiones, y leyó un «Poema». Con dos estrofas bastará:

   Alors se leva une mince jeune fille mélancolique dont le visage avait cette « pâleur intéressante » due aux pilules et à une mauvaise digestion. Elle lut un poème. Deux strophes suffiront :

   UNA DONCELLA DE MISURI SE DESPIDE DE ALABAMA

   L’ADIEU D’UNE JEUNE FILLE DU MISSOURI À L’ALABAMA

    ¡Adiós, bella Alabama! ¡Qué amor mi pecho siente Hoy que, por breve plazo, te voy a abandonar! ¡Qué tristes pensamientos se agolpan en mi frente Y qué recuerdos hacen mi llanto desbordar! Porque he vagado a solas bajo tus enramadas, al borde de tus ríos me he sentado a leer, Y he escuchado, entre flores, murmurar tus cascadas Cuando Aurora tendía sus rayos por doquier

    Alabama, adieu ! Je t’aime ! Mais je dois te quitter pour un temps ! De tristes, tristes pensées de toi, s’enfle mon cœur, Et les souvenirs brûlants se pressent sur mon front. Car j’ai souvent marché dans tes forêts fleuries Et lu, et rêvé près du ruisseau de la Tallapoosa, Écouté les flots furieux de la Tallassee Et courtisé, près de Coosa, le rayon d’Aurore.

    Pero no avergonzada de mi dolor te dejo, Ni mis llorosos ojos de volver, hacia ti, Pues no es de extraña tierra de la que ahora me alejo Ni extraños los que pronto se apartarán de mí. Porque mi hogar estaba en tu seno, Alabama, Cuyos valles y torres de vista perderé. Y si te abandonase sin dolor en el alma

    Cual de bronce serían mi cabeza y mi «coeur». Había allí muy pocos que supieran lo que «coeur» significaba; no obstante, el poema produjo general satisfacción.

    Je n’ai point de honte à porter ce cœur trop plein, Et je ne rougis pas de me cacher derrière ces yeux remplis de larmes. Ce n’est pas un pays étranger que je dois maintenant quitter. Ce ne sont pas des étrangers à qui vont ces soupirs. Foyer et bon accueil étaient miens partout en cet État Dont je dois abandonner les vallées, dont les clochers s’éloignent si vite de moi. Et bien froids seront alors mes yeux, et mon cœur, et ma tête S’ils viennent un jour à être froids pour toi, cher Alabama.

    Rares étaient ceux qui connaissaient le sens de tête, mais le poème reçut néanmoins l’approbation de tous.

   Apareció en seguida una señorita de morena tez, ojinegra y pelinegra, la cual permaneció silenciosa unos impresionantes momentos, asumió una expresión trágica, y empezó a leer con pausado tono:

   Enfin apparut une fille noire de cheveux, d’yeux et de teint. Elle attendit un temps infini, prit une expression tragique et commença à lire d’une voix mesurée :

   UNA VISIÓN

   UNE VISION

    Lóbrega y tempestuosa era la noche. En el alto trono del firmamento no fulgía una sola estrella; pero el sordo retumbar del trueno vibraba constantemente en los oídos, mientras los cárdenos relámpagos hendían la nebulosa concavidad del cielo y parecían burlarse del poder ejercido sobre su terrible potencia por el ilustre Franklin. Hasta los bramadores vientos, abandonando sus místicas moradas, se lanzaron, rugiendo, por doquiera, como para aumentar con su ayuda el horror de la escena.

    Sombre et tempétueuse était la nuit. Autour du trône céleste ne frémissait pas une seule étoile. Mais les accents profonds du puissant tonnerre vibraient constamment à l’oreille, tandis que l’éclair terrifiant s’enivrait de sa colère dans les appartements célestes et semblait mépriser le frein mis par l’illustre Franklin à la terreur qu’il exerce. Les vents exubérants eux-mêmes sortaient tous de leur asile mystique et se déchaînaient comme pour rehausser de leur aide la sauvagerie de la scène.

    En aquellos momentos de tinieblas, de espanto, mi espíritu suspiraba por hallar conmiseración en los humanos; pero en vez de ella,

    En un tel moment si morne, si sombre, vers l’humaine compassion mon cœur se tourna.

    «Mi amiga del alma, mi mentor, mi ayuda y mi guía, mi consuelo en las penas, y en mis gozos mi doble alegría», vino a mi lado. Movíase como uno de esos fúlgidos seres imaginados en los floridos senderos de un fantástico Edén por las almas románticas y juveniles. Tan leve era su paso, que no producía ningún ruido, y a no ser por el mágico escalofrío que producía su contacto se hubiera deslizado, como otras esquivas y rescatadas bellezas, ni advertida ni buscada. Una extraña tristeza se extendió sobre sus facciones, como heladas lágrimas en las vestiduras de diciembre, cuando me señaló los batalladores elementos a lo lejos y me invitó a que contemplase los dos seres que se aparecían...

    Mais au lieu de cela, mon amie la plus chère, ma conseillère, mon soutien et mon guide, ma joie dans la peine, ma félicité dans la joie, vint à mon côté. Elle avançait comme l’un de ces êtres merveilleux marchant dans les sentiers ensoleillés du Paradis imaginaire des jeunes romantiques. Une reine de splendeur, sans ornement que celui de sa beauté transcendante. Si léger était son pas qu’il ne faisait aucun bruit, et sans le magique frisson de son doux contact, sa présence serait passée inaperçue, ignorée. Une étrange tristesse pesait sur ses traits, comme les larmes de glace sur le manteau de décembre, tandis qu’elle me montrait les éléments furieux au-dehors, et me priait de contempler les deux êtres qui m’étaient présentés.

   Esta pesadilla ocupaba unas diez páginas manuscritas y acababa con un sermón tan destructivo de toda esperanza para los que no pertenecieran a la secta presbiteriana, que se llevó el primer premio. Esta composición fue considerada como el más meritorio trabajo de los leídos en la velada. El alcalde, al entregar el premio a la autora, hizo un caluroso discurso, en el cual dijo que era aquello «lo más elocuente que jamás había oído, y que el propio Daniel Webster hubiera estado orgulloso de que fuera suyo».

   Ce cauchemar occupait dix bonnes pages de manuscrit et se terminait par un sermon si destructeur de toute espérance pour des non-presbytériens qu’il remporta le premier prix. Cette composition fut considérée comme le plus bel effort de la soirée. En remettant la récompense à son auteur, le maire du village fit une chaleureuse allocution où il disait que c’était de loin la « chose la plus éloquente qu’il ait jamais entendue, et que Daniel Webster lui-même pourrait en être fier ».

   Le nombre de compositions où revenaient sans cesse les mots « beauté sublime », et « pages de vie » pour désigner l’expérience humaine, fut égal à la moyenne habituelle.

   Después el maestro, ablandado ya casi hasta la campechanería, puso a un lado la butaca, volvió la espalda al auditorio y empezó a trazar un mapa de América, en el encerado, para los ejercicios de la clase de geografía. Pero aún tenía la mano insegura, a hizo de aquello un lamentable berenjenal; y un rumor de apagadas risas corrió por todo el público. Se dio cuenta de lo que pasaba, y se puso a enmendarlo. Pasó la esponja por algunas líneas, y las trazó de nuevo; pero le salieron aún más absurdas y dislocadas, y las risitas fueron en aumento. Puso ahora toda su atención y empeño en la tarea, resuelto a no dejarse achicar por aquel regocijo. Sentía que todas las miradas estaban fijas en él; creyó que había triunfado al fin, y sin embargo las risas seguían cada vez más nutridas y ruidosas. Y había razón para ello. En el techo, sobre la cabeza del maestro, había una trampa que daba a una buhardilla; por ella apareció un gato suspendido de una cuerda atada a su cuerpo. Tenía la cabeza envuelta en.un trapo, para que no maullase. Según iba bajando lentamente se curvó hacia arriba y arañó la cuerda; después se dobló hacia abajo, dando zarpazos en el aire intangible. El jolgorio crecía: ya estaba el gato tan sólo a media cuarta de la cabeza del absorto maestro. Siguió bajando, bajando, y hundió las uñas en la peluca, se asió a ella, furibundo, y de pronto tiraron de él hacia arriba, con el trofeo en las garras. ¡Qué fulgores lanzó la calva del maestro! Como que el hijo del pintor se la había dorado.

   Attendri par l’alcool jusqu’à la bienveillance, le maître repoussa sa chaise, tourna le dos à l’assistance et se mit à dessiner sur le tableau une carte d’Amérique pour les exercices de géographie. Mais le résultat fut lamentable tant sa main tremblait. Des ricanements étouffés fusèrent dans la salle. Il en connaissait la raison et voulut y remédier. Il effaça et recommença, mais ne fit qu’aggraver les choses. Les ricanements augmentèrent. Il concentra alors toute son attention sur sa tâche, bien déterminé à ne pas se laisser atteindre par les rires. Il sentait tous les yeux fixés sur lui. Il crut en venir enfin à bout, mais les ricanements continuèrent et augmentèrent manifestement. Rien d’étonnant à cela : de la trappe du grenier située juste au-dessus de l’estrade, descendait un chat soutenu par une corde liée aux hanches. Un foulard lui nouait la tête et les mâchoires, pour l’empêcher de miauler. Pendant cette lente descente il se débattit, tantôt vers le haut afin d’attraper la corde, tantôt vers le bas sans autre résultat que de battre l’air de ses pattes. Cette fois, les rires emplissaient la salle. Le chat était maintenant à quinze centimètres de la tête du maître totalement absorbé dans sa tâche. Plus bas, plus bas, encore plus bas ; enfin le chat put en désespoir de cause s’agripper à la perruque, s’y cramponna, et fut alors remonté en un tournemain avec son trophée. Comme il brillait, ce crâne chauve sous les lumières ! Il brillait d’autant plus que le fils du peintre d’enseignes l’avait bel et bien enduit de peinture dorée.

   Con aquello acabó la reunión. Los chicos estaban vengados. Habían empezado las vacaciones.

   Cela mit fin à la séance. Les garçons étaient vengés. Les vacances commençaient.

   * Las supuestas «composiciones» citadas más arriba están tomadas a la letra de un volumen titulado Prosa y poesía, por una señora del Oeste. Se ajustan con exacta precisión al modelo de las colegialas y de aquí que sean mucho más felices de lo que lo hubiera sido una mera imitación.

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