Las aventuras de Tom Sawyer

LES AVENTURES DE TOM SAWYER

   Capítulo XXIX

   CHAPITRE XXIX

   Lo primero que llegó a oídos de Tom en la mañana del viernes fue una jubilante noticia: la familia del juez Thatcher había regresado al pueblo aquella noche. Tanto el Indio Joe como el tesoro pasaron en seguida a segundo término, y Becky ocupó el lugar preferente en el interés del muchacho. La vio y gozaron hasta hartarse jugando al escondite y a las cuatro esquinas con una bandada de condiscípulos. La felicidad del día tuvo digno remate y corona. Becky había importunado a su madre para que celebrase al siguiente día la merienda campestre, de tanto tiempo atrás prometida y siempre aplazada, y la mamá accedió. El gozo de la niña no tuvo límites, y el de Tom no fue menor. Las invitaciones se hicieron al caer la tarde a instantáneamente cundió una fiebre de preparativos y de anticipado júbilo entre la gente menuda. La nerviosidad de Tom le hizo permanecer despierto hasta muy tarde, y estaba muy esperanzado de oír el «¡miau!» de Huck y de poder asombrar con su tesoro al siguiente día a Becky y demás comensales de la merienda; pero se frustró su esperanza. No hubo señales aquella noche.

   Le vendredi matin, Tom apprit une bonne nouvelle : la famille du juge Thatcher était rentrée à Saint-Petersburg la veille au soir. Pour le moment, Joe l’Indien et son trésor furent relégués à l’arrière-plan et le garçon ne pensa plus qu’à Becky. Il ne tarda pas à revoir la petite et tous deux s’amusèrent follement avec leurs camarades d’école. La journée s’acheva encore mieux qu’elle n’avait commencé. À force de harceler sa mère, Becky finit par obtenir que son fameux pique-nique fût fixé au lendemain. La petite éprouva une joie délirante qui n’eut d’égal que le bonheur de Tom. Les invitations furent lancées aussitôt et toute la jeunesse du village entra dans la fièvre des préparatifs. Tom était si énervé qu’il ne put s’endormir. L’oreille aux aguets, il attendait le miaou de Huck et espérait bien mettre la main sur le trésor sans plus tarder, ce qui lui permettrait d’éblouir Becky et ses amis au pique-nique. Mais la nuit se passa sans incident et il lui fallut déchanter.

   Llegó al fin la mañana, y para las diez o las once una alborotada y ruidosa compañía se hallaba reunida en casa del juez, y todo estaba presto para emprender la marcha. No era costumbre que las personas mayores aguasen estas fiestas con su presencia. Se consideraba a los niños seguros bajo las alas protectoras de unas cuantas señoritas de dieciocho años y unos cuantos caballeretes de veintitrés o cosa así. La vieja barcaza de vapor que servía para cruzar el río había sido alquilada para la fiesta, y a poco la jocunda comitiva, cargada de cestas con provisiones, llenó la calle principal. Sid estaba malo y se quedó sin fiesta; Mary se quedó en casa para hacerle compañía. La última advertencia que la señora de Thatcher hizo a Becky fue:

   Le lendemain matin vers onze heures, une foule aussi joyeuse que bruyante était rassemblée chez le juge Thatcher et n’attendait plus que le signal du départ. Les grandes personnes n’avaient point coutume de gâcher la joie des enfants par leur présence. Elles estimaient que leur sauvegarde était suffisamment assurée par quelques jouvencelles de dix-huit printemps et leurs cavaliers de trois ou quatre années plus âgés. Le vieux bac à vapeur fut affrété pour l’occasion. Bientôt la cohorte enfantine se répandit dans la rue principale du village. Presque tout le monde portait un panier à provisions sous le bras. Sid, malade, ne pouvait participer aux réjouissances, et Mary était restée auprès de lui. Avant le départ, Mme Thatcher fit ses recommandations à sa fille.

   — No volveréis hasta muy tarde. Quizá sea mejor que te quedes a pasar la noche con alguna de las niñas que viven cerca del embarcadero.

   « Vous rentrerez certainement très tard, lui dit-elle. Tu ferais peut-être mieux de passer la nuit chez une de tes petites amies qui habitent à côté du débarcadère.

   — Entonces me quedaré con Susy Harper, mamá.

   – Alors, j’irai couchez chez Susy Harper, maman.

   — Muy bien. Y ten cuidado, y sé buena, y no des molestias.

   – Très bien. Et tâche d’être sage et de ne gêner personne. »

   Poco después, ya en marcha, dijo Tom a Becky:

   En chemin, Tom dit à Becky :

   — Oye voy a decirte lo que hemos de hacer. En vez de ir a casa de Joe Harper subimos al monte y vamos a casa de la viuda de Douglas. Tendrá helados. Los toma casi todos los días..., carretadas de ellos. Y se ha de alegrar de que vayamos.

   « Voilà ce que nous allons faire. Au lieu d’aller chez Joe Harper, nous monterons le coteau et nous irons coucher chez la veuve Douglas. Elle aura des glaces. Elle en a toujours plein sa cuisine. Elle sera ravie de nous héberger.

   — ¡Qué divertido será!

   – Oh ! comme ce sera amusant !

   Después Becky reflexionó un momento y añadió:

   Mais les sourcils de Becky se froncèrent.

   — Pero ¿qué va a decir mamá?

   « Que va dire maman ? demanda-t-elle.

   — ¿Cómo va a saberlo?

   – Elle n’en saura rien.

   La niña rumió un rato la idea y dijo vacilante:

   — Me parece que no está bien... pero...

   – Oui, mais… ce n’est pas bien de…

   — Pero... ¡nada! Tu madre no lo ha de saber, y así, ¿dónde está el mal? Lo que ella quiere es que estés en lugar seguro, y apuesto a que te hubiera dicho que fueses allí si se le llega a ocurrir. De seguro que sí.

   – Et alors ? Du moment qu’elle n’est pas au courant ! D’ailleurs, nous ne ferons rien de mal. Tout ce qu’elle désire c’est que tu passes une bonne nuit tranquille. Et puis, je suis sûr que si tu lui avais parlé de la veuve Douglas, elle t’aurait conseillé elle-même d’aller chez elle. »

   La generosa hospitalidad de la viuda era un cebo tentador. Y ello y las persuasiones de Tom ganaron la batalla. Se decidió, pues, a no decir nada a nadie en cuanto al programa nocturno. Después se le ocurrió a Tom que quizá Huck pudiera ir aquella noche y hacer la señal. Esta idea le quitó gran parte del entusiasmo por su proyecto. Pero, con todo, no se avenía a renunciar a los placeres de la mansión de la viuda. ¿Y por qué había de renunciar? —pensaba—. Si aquella noche no hubo señal, ¿era más probable que la hubiera la noche siguiente? El placer cierto que le aguardaba le atraía más que el incierto tesoro; y, como niño que era, decidió dejarse llevar por su inclinación y no volver a pensar en el cajón de dinero en todo el resto del día.

   L’hospitalité royale de la veuve Douglas était évidemment bien tentante, et Tom réussit à lever les derniers scrupules de Becky. Les deux enfants décidèrent d’un commun accord de ne pas souffler mot de leur projet. Tout à coup, Tom songea que cette nuit même Huck était fort capable de venir miauler sous sa fenêtre. Que faire ? Il ne pouvait pourtant pas renoncer à aller chez la veuve Douglas. Du reste, tout bien réfléchi, il n’y avait aucune raison pour que Huck l’appelât cette nuit plutôt que les autres. Le plaisir certain de la soirée à venir l’emporta sur l’attrait du trésor hypothétique. Et, avec la légèreté de son âge, Tom n’y pensa plus de toute la journée.

   Tres millas más abajo de la población la barcaza se detuvo a la entrada de una frondosa ensenada y echó las amarras. La multitud saltó a tierra, y en un momento las lejanías del bosque y los altos peñascales resonaron por todas partes con gritos y risas. Todos los diversos procedimientos de llegar a la sofocación y al cansancio se pusieron en práctica, y después los expedicionarios fueron regresando poco a poco al punto de reunión, armados de fieros apetitos, y comenzó la destrucción y aniquilamiento de los gustosos alimentos. Después del banquete hubo un rato de charla y refrescante descanso bajo los corpulentos y desparramados robles. Al fin, alguien gritó:

   À six kilomètres en aval du village, le bac s’arrêta devant une crique entourée de bois. Aussitôt l’ancre jetée, la jeunesse se rua sur la berge et ne tarda pas à remplir la forêt de cris et de rires sonores. Tous les moyens d’attraper des courbatures et de se mettre en nage furent essayés. Peu à peu, les membres de la troupe regagnèrent leur base. Ils avaient tous l’estomac dans les talons et la dévastation des victuailles commença. Après le festin, on se reposa et l’on bavarda à l’ombre de grands chênes. Soudain, quelqu’un lança :

   — ¿Quién quiere venir a la cueva?

   « Y a-t-il des volontaires pour la grotte ? »

   Todos estaban dispuestos. Se buscaron paquetes de bujías y en seguida todo el mundo se puso en marcha monte arriba. La boca de la cueva estaba en la ladera, y era una abertura en forma de A. La recia puerta de roble estaba abierta. Dentro había una pequeña cavidad, fría como una cámara frigorífica, construida por la Naturaleza con sólidos muros de roca caliza que rezumaba humedad, como un sudor frío. Era romántico y misterioso estar allí en la profundidad sombría y ver allá fuera el verde valle resplandeciente de sol. Pero lo impresionante de la situación se disipó pronto y el alboroto se reanudó en seguida. En el momento en que cualquiera encendía una vela todos se lanzaban sobre él, se tramaba una viva escaramuza de ataque y defensa, hasta que la bujía rodaba por el suelo o quedaba apagada de un soplo, entre grandes risas y nuevas repeticiones de la escena. Pero todo acaba, y al fin la procesión empezó a subir la abrupta cuesta de la galería principal, y la vacilante hilera de luces permitía entrever los ingentes muros de roca casi hasta el punto en que se juntaban a veinte metros de altura. Esta galería principal no tenía más de tres o cuatro metros de ancho. A cada pocos pasos otras altas resquebrajaduras, aun más angostas, se abrían por ambos lados, pues la Cueva de MacDougal no era sino un vasto laberinto de retorcidas galerías que se separaban unas de otras, se volvían a encontrar y no conducían a parte alguna. Se decía que podía uno vagar días y noches por la intrincada red de grietas y fisuras sin llegar nunca al término de la cueva, y que se podía bajar y bajar a las profundidades de la tierra y por todas partes era lo mismo: un laberinto debajo del otro y todos ellos sin fin ni término. Nadie se sabía la caverna. Era cosa imposible. La mayor parte de los muchachos conocía sólo un trozo, y no acostumbraba a aventurarse mucho más allá de la parte conocida. Tom Sawyer sabía tanto como cualquier otro.

   Tout le monde en fut. On se jeta sur les paquets de chandelles, et une caravane improvisée se mit en devoir d’escalader la falaise. Au sommet se trouvait la grotte MacDougal, dont l’entrée, en forme de A, était défendue par une porte de chêne massif. La porte était justement ouverte et les explorateurs pénétrèrent dans une sorte de chambre glaciale. Il faisait sombre. La pierre des murs suintait. Quand on se retournait, on voyait se dessiner dans l’encadrement de l’entrée la vallée inondée de soleil. L’endroit était romantique à souhait. D’abord les visiteurs se turent, mais leur exubérance naturelle reprit le dessus et le charivari recommença. Un garçon alluma une chandelle. Toute la troupe se rua sur lui. Il défendit vaillamment son bien jusqu’au moment où il succomba sous le nombre. Une autre chandelle s’alluma et fut éteinte au milieu des cris et des rires. Cependant, tout a une fin et une sage procession de garçons et de filles, munis de chandelles dont le reflet tremblait sur les voûtes vingt mètres au-dessus de leurs têtes, se mit à descendre la pente rapide du couloir principal. Ce couloir n’avait guère plus de trois mètres de large. Sur chacune de ses parois s’ouvraient des galeries latérales très rapprochées. La grotte MacDougal était un véritable labyrinthe et l’on disait qu’on aurait pu errer pendant des jours et des nuits, descendant toujours plus bas dans le méli-mélo de ses couloirs, ses crevasses et ses gouffres, sans jamais en atteindre le fond, fût-ce dans les entrailles même de la terre. Si bien que personne ne pouvait se vanter de « connaître » la grotte. La plupart des jeunes hommes en avaient exploré une partie et Tom, pour sa part, en connaissait au moins autant qu’eux.

   La comitiva avanzó por la galería principal como tres cuartos de milla, y después grupos y parejas fueron metiéndose por las cavernas laterales, correteando por las tétricas galerías para sorprenderse unos a otros en las encrucijadas donde aquéllas se unían. Unos grupos podían eludir la persecución de los otros durante más de media hora sin salir del terreno conocido.

   La procession s’étira le long du couloir central et bientôt de petits groupes l’abandonnèrent pour se livrer à une poursuite en règle dans les allées latérales. On s’évitait, on se guettait aux carrefours, on s’attaquait par surprise et l’on parvenait même à échapper à l’ennemi pendant une bonne demi-heure, sans s’écarter des endroits « repérés ».

   Poco a poco, un grupo tras otro, fueron llegando a la boca de la cueva, sin aliento; cansados de reír, cubiertos de la cabeza a los pies de goterones de esperma, manchados de barro y encantados de lo que se habían divertido. Se quedaban todos sorprendidos de no haberse dado cuenta del transcurso del tiempo y de que ya la noche se viniera encima. Hacía media hora que la campana del barco los estaba llamando; pero, aquel final de las aventuras del día les parecía también novelesco y romántico y, por consiguiente, satisfactorio. Cuando el vapor, con su jovial y ruidoso cargamento, avanzó en la corriente, a nadie importaba un ardite por el tiempo perdido, a no ser al capitán de la embarcación.

   Groupe après groupe, les explorateurs, haletants, couverts de glaise et de coulées de chandelle se retrouvèrent à l’entrée de la grotte, ravis de leur journée. Alors, ils s’aperçurent avec stupeur qu’ils ne s’étaient pas inquiétés de l’heure et que la nuit était sur le point de tomber. La cloche du bac sonnait depuis un certain temps, et cette fin romantique à la belle aventure lui conférait, de l’avis de tous, un charme supplémentaire. On redescendit au galop et, lorsque le vieux bateau eut quitté la rive, personne, hormis le capitaine, ne regretta ce retard.

   Huck estaba ya en acecho cuando las luces del vapor se deslizaron, relampagueantes, frente al muelle. No oyó ruido alguno a bordo porque la gente joven estaba ya muy formal y apaciguada, como ocurre siempre a quien está medio muerto de cansancio. Se preguntaba qué barco sería aquél y por qué no atracaba en el muelle, y con esto no volvió a acordarse más de él y puso toda su atención en sus asuntos. La noche se estaba poniendo anubarrada y oscura. Dieron las diez, y cesó el ruido de vehículos; luces dispersas empezaron a hacer guiños en la oscuridad, los transeúntes rezagados desaparecieron, la población se entregó al sueño y dejó al pequeño vigilante a solas con el silencio y los fantasmas. Sonaron las once y se apagaron las luces de las tabernas, y entonces la oscuridad lo invadió todo. Huck esperó un largo rato, que le pareció interminable y tedioso, pero no ocurrió nada. Su fe se debilitaba. ¿Serviría de algo? ¿Sería realmente de alguna utilidad? ¿Por qué no desistir y marcharse a acostar?

   Huck était déjà à son poste quand le bac, tout éclairé, longea l’appontement. Le jeune garçon n’entendit aucun bruit à bord car tous les passagers, brisés de fatigue, s’étaient endormis. Il se demanda quel pouvait bien être ce vapeur et pourquoi il ne s’arrêtait pas, mais, comme il avait d’autres chats à fouetter, il n’y pensa plus. La nuit devenait très sombre. Les nuages s’amoncelaient. Dix heures sonnèrent. Les bruits s’apaisèrent, les lumières s’éteignirent, les derniers passants rentrèrent chez eux, le village s’endormit et le petit guetteur resta seul avec le silence et les fantômes. À onze heures, les lumières de la taverne s’éteignirent. Il fit noir comme dans un four. Huck était toujours aux aguets mais rien ne se produisit. L’inutilité de sa mission commença à lui apparaître et il songea à aller se coucher.

   Oyó un ruido. En un instante fue todo atención. La puerta de la calleja se abrió suavemente. Se puso de un salto en el rincón del almacén de ladrillos. Un momento después dos hombres pasaron ante él rozándole, y uno de ellos parecía llevar algo bajo el brazo. ¡Debía de ser aquella caja! Así, pues, se llevaban el tesoro. ¿Por qué llamar entonces a Tom? Sería insensato: los dos hombres desaparecerían con la caja para no volverlos a ver jamás. No; se iba a pegar a sus talones y seguirlos; confiaba en la oscuridad para no ser descubierto. Así arguyendo consigo mismo, Huck saltó de su escondrijo y se deslizó tras ellos como un gato, con los pies desnudos, dejándoles la delantera precisa para no perderlos de vista.

   Soudain, il perçut un bruit. Tous les sens en éveil, il fouilla l’obscurité. La porte de l’auberge qui donnait sur l’impasse se referma doucement. Huck se tapit dans un coin. Deux hommes passèrent tout près de lui. L’un semblait porter quelque chose sous son bras. Ça devait être le coffre ! Ainsi, ils emportaient leur trésor ! Fallait-il prévenir Tom ? Mais non, c’était absurde. Les deux hommes se perdraient dans la nuit et il serait impossible de retrouver leurs traces. Il n’y avait qu’à les suivre sans se faire voir. C’était une chose faisable, grâce à l’obscurité. Huck se glissa hors de sa cachette et, pieds nus, léger comme un chat, il emboîta le pas aux voleurs de trésor, ayant soin de conserver entre eux et lui une distance suffisamment réduite pour ne pas les perdre de vue.

   Siguieron un trecho subiendo por la calle frontera al río y torcieron a la izquierda por una calle transversal. Avanzaron por allí en línea recta, hasta llegar a la senda que conducía al monte Cardiff, y tomaron por ella. Pasaron por la antigua casa del galés, a mitad de la subida del monte, y sin vacilar siguieron cuesta arriba. «Bien está —pensó Huck—, van a enterrarla en la cantera abandonada». Continuaron hasta la cumbre; se metieron por el estrecho sendero entre los matorrales, y al punto se desvanecieron en las sombras. Huck se apresuró y acortó la distancia, pues ahora ya no podrían verle. Trotó durante un rato; después moderó el paso, temiendo que se iba acercando demasiado; siguió andando un trecho y se detuvo. Escuchó, no se oía ruido alguno, y sólo creía oír los latidos de su propio corazón. El graznido de una lechuza llegó hasta él desde el otro lado de la colina... ¡Mal agüero!...; pero no se oían pasos. ¡Cielos!, ¿estaría todo perdido? Estaba a punto de lanzarse a correr cuando oyó un carraspeo a dos pasos de él. El corazón se le subió a la garganta, pero se lo volvió a tragar, y se quedó allí, tiritando como si media docena de intermitentes le hubieran atacado a un tiempo, y tan débil, que creyó que se iba a desplomar en el suelo. Conocía bien el sitio: sabía que estaba a cinco pasos del portillo que conducía a la finca de la viuda de Douglas. «Muy bien —pensó—, que lo entierren aquí; no ha de ser difícil encontrarlo».

   Ils suivirent le fleuve pendant un certain temps, puis tournèrent à gauche. Ensuite, ils s’engagèrent dans le chemin qui menait en haut de la colline de Cardiff. Passée la maison du vieux Gallois à flanc de coteau, ils continuèrent leur ascension. « Bon, pensa Huck, ils vont aller enfouir le coffre dans la vieille carrière. » Mais ils ne s’arrêtèrent pas à la carrière. Une fois au sommet, ils commencèrent à redescendre par un étroit sentier qui plongeait entre de hauts buissons de sumac. L’obscurité se referma sur eux. Huck hâta le pas pour raccourcir la distance qui les séparait, sûr maintenant de ne pas être repéré. Il marcha ainsi un temps ; puis craignant d’aller trop vite, il ralentit un peu, fit encore quelques mètres, puis s’arrêta. Il écouta : aucun autre bruit que le battement de son cœur. Une chouette ulula dans le lointain. Sinistre présage ! Où se trouvaient donc les deux hommes. La partie était-elle perdue ? Huck était sur le point de s’élancer quand quelqu’un toussota à un mètre de lui ! La gorge du jeune garçon se serra, ses membres tremblèrent comme s’il avait été en proie à un violent accès de fièvre. Soudain, Huck se rendit compte de l’endroit où il était arrivé : à quelques mètres de l’allée qui donnait accès à la propriété de la veuve Douglas. « C’est parfait, se dit Huck, qu’ils enfouissent leur trésor ici. Il ne sera pas difficile à trouver ! »

   Una voz le interrumpió, apenas audible: la de Joe el Indio.

   Une voix sourde s’éleva alors, la voix de Joe l’Indien.

   — ¡Maldita mujer! Quizás tenga visitas... Hay luces, tan tarde como es.

   « Que le diable emporte cette bonne femme, fit-il. Il y a du monde chez elle. Je vois de la lumière.

   — Yo no las veo.

   – Moi je ne vois rien », répondit une autre voix, celle de l’inconnu de la maison hantée.

   Esta segunda voz era la del desconocido, el forastero de la casa de los duendes. Un escalofrío corrió por todo el cuerpo de Huck. ¡Ésta era, pues, la empresa de venganza! Su primera idea fue huir; después se acordó de que la viuda había sido buena con él más de una vez, y acaso aquellos hombres iban a matarla. ¡Si se atreviera a prevenirla! Pero bien sabía que no habría de atreverse: podían venir y atraparlo. Todo ello y mucho más pasó por su pensamiento en el instante que medió entre las palabras del forastero y la respuesta de Joe el Indio.

   Le sang du pauvre Huck se glaça dans ses veines. Joe avait dû entraîner son complice jusque-là pour l’aider à satisfaire sa vengeance. La première pensée du gamin fut de s’enfuir, mais il se rappela que la veuve Douglas avait souvent été très bonne pour lui et il se dit que les deux hommes avaient peut-être l’intention de l’assassiner. Il aurait bien voulu l’avertir du danger qu’elle courait, mais il n’osait pas bouger, de peur de révéler sa présence.

   — Porque tienes las matas delante. Ven por aquí y lo verás. ¿Ves?

   « Tu ne vois pas la lumière parce qu’il y a un arbuste devant toi, reprit Joe. Tiens, approche-toi. Tu vois, maintenant ?

   — Sí. Parece que hay gente con ella. Más vale dejarlo.

   – Oui. En effet, il doit y avoir du monde chez elle. Nous ferions mieux de renoncer à notre projet.

   — ¡Dejarlo, y precisamente cuando me voy para siempre de esta tierra! ¡Dejarlo, y acaso no se presente nunca otra ocasión! Ya te he dicho, y lo repito, que no me importa su bolsa: puedes quedarte con ella. Pero me trató mal su marido, me trató mal muchas veces, y, sobre todo, él fue el juez de paz que me condenó por vagabundo. Y no es eso todo; no es ni siquiera la milésima parte. Me hizo azotar, ¡azotar delante de la cárcel como a un negro, con todo el pueblo mirándome! ¡Azotado!, ¿entiendes? Se fue sin pagármelo, porque se murió. Pero cobraré en ella.

   – Y renoncer au moment où je vais quitter le pays pour toujours ! Mais, voyons, l’occasion ne se représentera peut-être jamais. Je t’ai répété sur tous les tons que ce n’est pas son magot qui m’intéresse. Tu peux le prendre si ça te chante. Le fait est que son mari m’a toujours traité comme un chien et m’a fait condamner pour vagabondage quand il était juge de paix. Et ce n’est pas tout. Il m’a fait fouetter devant la porte de la prison. Fouetter comme un vulgaire nègre ! Comprends-tu ? Il est mort avant que je puisse me venger, mais c’est sur sa femme que je me vengerai aujourd’hui.

   — No, no la mates. No hagas eso.

   – Oh ! ne la tue pas ! Ne fait pas une chose pareille !

   — ¡Matar! ¿Quién habla de matar? Le mataría a él si le tuviera a mano; pero no a ella. Cuando quiere uno vengarse de una mujer no se la mata, ¡bah!, se le estropea la cara. No hay más que desgarrarle las narices y cortarle las orejas como a una verraca!

   – La tuer ! Qui a parlé de la tuer ? Quand on veut se venger d’une femme, on ne la tue pas, on la défigure. On lui fend les narines, on lui coupe les oreilles.

   — ¡Por Dios! ¡Eso es...!

   – Mon Dieu ! mais c’est du…

   — Guárdate tu parecer. Es lo más seguro para ti. Pienso atarla a la cama. Si se desangra y se muere, eso no es cuenta mía: no he de llorar por ello. Amigo mío, me has de ayudar en esto, que es negocio mío, y para eso estás aquí: quizá no pudiera manejarme yo solo. Si te echas atrás, te mato, ¿lo entiendes? Y si tengo que matarte a ti, la mataré a ella también, y me figuro que entonces nadie ha de saber quién lo hizo.

   – Garde tes réflexions pour toi ! C’est plus prudent ! Je l’attacherai à son lit. Si elle saigne trop et qu’elle en meurt, tant pis pour elle. Je ne verserai pas une larme sur son cadavre. Mon vieux, tu es ici pour m’aider dans ma besogne. Seul, je n’y arriverai pas. Fourre-toi bien ça dans la tête. Si tu bronches, je te tue ! Tu m’entends ? Et si je suis obligé de te tuer, je la tuerai elle aussi. Comme ça, personne ne saura ce qui s’est passé.

   — Bueno: si se ha de hacer, vamos a ello. Cuanto antes, mejor...; estoy todo temblando.

   – Eh bien, puisqu’il le faut, allons-y tout de suite. Plus vite ce sera fait, mieux ça vaudra… Mais j’en suis malade.

   — ¿Hacerlo ahora y habiendo gente allí? Anda con ojo que voy a sospechar de ti, ¿sabes? No; vamos a esperar a que se apaguen las luces. No hay prisa.

   – Y aller tout de suite ! Avec le monde qu’il y a chez elle ! Dis donc, tu me ferais presque douter de toi. Nous pouvons attendre. Nous ne sommes pas pressés. »

   Huck comprendió que iba a seguir un silencio aun más medroso que cien criminales coloquios: así es que contuvo el aliento y dio un paso hacia atrás, plantando primero un pie cuidadosa y firmemente, y después manteniéndose en precario equilibrio sobre el otro y estando a punto de caer a la derecha o la izquierda. Retrocedió otro paso con el mismo minucioso cuidado y no menos riesgo; después, otro y otro, y .. ¡una rama crujió bajo el pie! Se quedó sin respirar y escuchó. No se oía nada: la quietud era absoluta; su gratitud a la suerte, infinita. Después volvió sobre sus pasos entre los muros de matorrales: dio la vuelta con las mismas precauciones que si fuera una embarcación, y anduvo ya más ligero, aunque no con menos cuidado. No se sentía seguro hasta que llegó a la cantera, y allí apretó los talones y echó a correr. Fue volando cuesta abajo hasta la casa del galés. Aporreó la puerta, y a poco las cabezas del viejo y de sus dos muchachotes aparecieron en diferentes ventanas.

   Huck devina que les deux hommes n’avaient plus rien à se dire pour le moment. Mais le silence l’effrayait encore davantage que cette horrible conversation. Retenant son souffle, il tenta de faire un pas en arrière, se balança en équilibre précaire sur une jambe, faillit basculer d’un côté puis de l’autre, se rattrapa, et se stabilisa enfin avec d’infinies précautions. Encore un pas, puis un autre. Une branche craqua sous son pied. Il s’arrêta de respirer, écouta. Aucun bruit, le silence était total. Sa gratitude envers le Ciel fut sans bornes. Bientôt, il retrouva le sentier enfoui dans les sumacs, lentement il vira de bord avec la souplesse d’un bateau sur l’eau, puis repartit d’un pas rapide et prudent. Il ne prit finalement sa course qu’une fois arrivé à la carrière, et hors d’atteinte. Il courut d’une seule traite jusqu’à la maison du Gallois. Il tambourina à la porte de la ferme. Une fenêtre s’ouvrit et le vieil homme apparut encadré de ses deux fils, deux superbes gaillards.

   — ¿Qué escándalo es ése? ¿Quién llama? ¿Qué quiere?

   « Qui est-ce qui fait tout ce tapage ? cria-t-il. Qui frappe à ma porte ? Que me voulez-vous ?

   — ¡Ábranme, de prisa! Ya lo diré todo.

   – Laissez-moi entrer… Vite… J’ai quelque chose à vous dire.

   — ¿Quién es usted?

   – Qui êtes-vous ?

   — Huckleberry Finn... ¡De prisa, ábranme!

   – Huckleberry Finn… Vite, laissez-moi entrer !

   — ¡Huckleberry Finn! No es nombre que haga abrir muchas puertas, me parece. Pero abridle la puerta, muchachos, y veamos qué es lo que le pasa.

   – Ah ! C’est toi, Huckleberry ! Je n’ai guère envie de t’ouvrir ma porte. Ouvrez-lui quand même, mes gars, et voyons ce qu’il nous veut. »

   — ¡Por Dios, no digan que lo he dicho yo! —fueron sus primeras palabras cuando se vio dentro—. No lo digan, por Dios, porque me matarán, de seguro; pero la viuda ha sido a veces buena conmigo y quiero decirlo; lo diré si me prometen que no dirán nunca que fui yo.

   « Je vous en supplie, ne dites jamais que je suis venu vous trouver. » Telles furent les premières paroles de Huck lorsque les fils du Gallois l’eurent fait entrer. « Je vous en supplie… autrement on me tuera… mais la veuve a souvent été très gentille pour moi et je veux vous dire… Je vous dirai tout si vous me jurez de ne jamais raconter que je suis venu.

   — Apuesto a que algo de peso tiene que decir, o no se pondría así. Fuera con ello, muchacho, que aquí nadie ha de decir nada.

   – Sacrebleu ! s’exclama le Gallois. Ça doit être joliment important, sans quoi il ne serait pas dans cet état. Allons, parle, petit. Nous te promettons de ne rien dire. »

   Tres minutos después el viejo y sus dos hijos, bien armados, estaban en lo alto del monte, y penetraban en el sendero de los matorrales, con las armas preparadas. Huck los acompañó hasta allí, se agazapó tras un peñasco y se puso a escuchar. Hubo un postrado y anheloso silencio; después, de pronto, una detonación de arma de fuego y un grito.

   Trois minutes plus tard, le vieillard et ses fils gravissaient la colline et se dirigeaient vers la propriété de la veuve. Chacun d’eux tenait son fusil à la main. Huck les laissa à mi-chemin et se blottit derrière un arbre. Après un long silence, il entendit une détonation suivie d’un cri.

   Huck no esperó a saber detalles. Pegó un salto y echó a correr monte abajo como una liebre.

   Le jeune garçon n’attendit pas la suite et dévala la pente aussi vite que s’il avait eu tous les diables de l’enfer à ses trousses.

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