Las aventuras de Tom Sawyer

LES AVENTURES DE TOM SAWYER

   Capítulo XXXII

   CHAPITRE XXXII

   Transcurrió la tarde del martes y llegó el crepúsculo. El pueblecito de San Petersburgo guardaba aún un fúnebre recogimiento. Los niños perdidos no habían aparecido. Se habían hecho rogativas públicas por ellos y muchas en privado, poniendo los que las hacían su corazón en las plegarias; pero ninguna buena noticia llegaba de la cueva. La mayor parte de los exploradores habían abandonado ya la tarea y habían vuelto a sus ocupaciones, diciendo que era evidente que nunca se encontraría a los desaparecidos. La madre de Becky estaba gravemente enferma y deliraba con frecuencia. Decían que desgarraba el corazón oírla llamar a su hija y quedarse escuchando largo rato, y después volver a hundir la cabeza entre las sábanas, con un sollozo. Tía Polly había caído en una fija y taciturna melancolía y sus cabellos grises se habían tornado blancos casi por completo. Todo el pueblo se retiró a descansar aquella noche triste y descorazonadora.

   La journée du mardi passa. Le village de Saint-Petersburg continuait à être plongé dans l’affliction. On n’avait pas retrouvé les enfants. Malgré les prières publiques, aucune nouvelle réconfortante n’était parvenue de la grotte. La plupart des sauveteurs avaient abandonné leurs recherches et s’étaient remis au travail, persuadés que les enfants étaient perdus à jamais. Mme Thatcher était très malade et délirait presque continuellement. Les gens disaient que c’était atroce de l’entendre parler de son enfant, de la voir se dresser sur son séant, guetter le moindre bruit et retomber inerte. Tante Polly se laissait miner par le chagrin et ses cheveux gris étaient devenus tout blancs. Le mardi soir, les villageois allèrent se coucher, tristes et mélancoliques.

   Muy tarde, a más de media noche, un frenético repiqueteo de las campanas de la iglesia puso en conmoción a todo el vecindario, y en un momento las calles se llenaron de gente alborozada y a medio vestir, que gritaba: «¡Arriba, arriba! ¡Ya han aparecido! ¡Los han encontrado!». Sartenes y cuernos añadieron su estrépito al tumulto; el vecindario fue formando grupos, que marcharon hacia el río, que se encontraron a los niños que venían en un coche descubierto arrastrado por una multitud que los aclamaba, que rodearon el coche y se unieron a la comitiva y entraron con gran pompa por la calle principal lanzando hurras entusiastas.

   Au beau milieu de la nuit, les cloches sonnèrent à toute volée et les rues s’emplirent de gens qui criaient à tue-tête : « Levez-vous ! Levez-vous ! On les a retrouvés ! » Des instruments de musique improvisés ajoutèrent au vacarme et, bientôt, la population entière s’en alla au-devant des enfants assis dans une carriole, tirée par une douzaine d’hommes hurlant de joie. On entoura l’attelage, on lui fit escorte, on le ramena au village où il s’engagea dans la rue principale, au milieu des clameurs et des vociférations.

   Todo el pueblo estaba iluminado; nadie pensó en volverse a la cama; era la más memorable noche en los anales de aquel apartado lugar. Durante media hora una procesión de vecinos desfiló por la casa del juez Thatcher, abrazó y besó a los recién encontrados, estrechó la mano de la señora de Thatcher, trató de hablar sin que la emoción se lo permitiese, y se marchó regando de lágrimas toda la casa.

   Saint-Petersburg était illuminé. Personne ne retourna se coucher. Jamais le village n’avait connu pareille nuit. Pendant plus d’une demi-heure, une véritable procession défila chez les Thatcher. Chacun voulait embrasser les rescapés, serrer la main de Mme Thatcher et dire une phrase gentille que l’émotion empêchait de passer.

   La dicha de tía Polly era completa; y casi lo era también la de la madre de Becky Lo sería del todo tan pronto como el mensajero enviado a toda prisa a la cueva pudiese dar noticias a su marido. Tom estaba tendido en un sofá rodeado de un impaciente auditorio, y contó la historia de la pasmosa aventura, introduciendo en ella muchos emocionantes aditamentos para mayor adorno, y la terminó con el relato de cómo recorrió dos galerías hasta donde se lo permitió la longitud de la cuerda de la cometa; cómo siguió después una tercera hasta el límite de la cuerda, y ya estaba a punto de volverse atrás cuando divisó un puntito remoto que le parecía luz del día; abandonó la cuerda y se arrastró hasta allí, sacó la cabeza y los hombros por un angosto agujero y vio el ancho y ondulante Misisipí deslizarse a su lado.

   Le bonheur de tante Polly était complet et celui de Mme Thatcher attendait pour l’être que le message envoyé de toute urgence à la grotte eût annoncé l’heureuse nouvelle à son mari. Tom, allongé sur un sofa, racontait sa merveilleuse odyssée à un auditoire suspendu à ses lèvres et ne se faisait pas faute d’embellir son récit. Pour finir, il expliqua comment il avait quitté Becky afin de tenter une dernière exploration. Il avait suivi un couloir, puis un second et s’était risqué dans un troisième, bien qu’il fût au bout de sa pelote de ficelle. Il allait rebrousser chemin quand il avait aperçu une lueur qui ressemblait fort à la lumière du jour. Abandonnant sa corde, il s’était approché et, passant la tête et les épaules dans un étroit orifice, il avait fini par voir le Grand Mississippi rouler dans la vallée !

   Y si llega a ocurrir que fuera de noche, no hubiera visto el puntito de luz y no hubiera vuelto a explorar la galería. Contó cómo volvió donde estaba Becky y le dio, con precauciones, la noticia, y ella le dijo que no la mortificase con aquellas cosas porque estaba cansada y sabía que iba a morir y lo deseaba. Relató cómo se esforzó para persuadirla, y cómo ella pareció que iba a morirse de alegría cuando se arrastró hasta donde pudo ver el remoto puntito de claridad azulada; cómo consiguió salir del agujero y después ayudó para que ella saliese; cómo se quedaron allí sentados y lloraron de gozo; cómo llegaron unos hombres en un bote y Tom los llamó y les contó su situación y que perecían de hambre; cómo los hombres no querían creerle al principio, «porque —decían— estáis cinco millas río abajo del Valle en que está la cueva», y después los recogieron en el bote, los llevaron a una casa, les dieron de cenar, los hicieron descansar hasta dos o tres horas después de anochecido y, por fin, los trajeron al pueblo.

   Si cela s’était passé la nuit, il n’aurait pas aperçu cette lueur et n’aurait pas continué son exploration. Il était aussitôt retourné auprès de Becky qui ne l’avait pas cru, persuadée qu’elle était que la mort allait répondre d’un moment à l’autre à son appel. À force d’insister, il avait réussi à la convaincre, et elle avait failli mourir de joie quand elle avait aperçu un pan de ciel bleu. Tom l’avait aidée à sortir du trou. Dehors, ils s’étaient assis et avaient sangloté de bonheur. Peu de temps après, ils avaient aperçu des hommes dans une barque et les avaient appelés. Les hommes les avaient pris à leur bord, mais s’étaient refusés à croire leur histoire fantastique parce qu’ils se trouvaient à une dizaine de kilomètres de l’endroit où s’ouvrait la grotte. Néanmoins, ils les avaient ramenés chez eux, leur avaient donné à manger, car ils mouraient de faim, et, après leur avoir fait prendre un peu de repos, les avaient reconduits au village, en pleine nuit.

   Antes de que amaneciese se descubrió el paradero, en la cueva, del juez Thatcher y de los que aún seguían con él, por medio de cordeles que habían ido tendiendo para servirles de guía, y se les comunicó la gran noticia.

   Au petit jour, le juge Thatcher et la poignée de sauveteurs qui étaient restés avec lui furent prévenus et hissés hors de la grotte à l’aide de cordes qu’ils avaient eu le soin de dérouler derrière eux.

   Los efectos de tres días y tres noches de fatiga y de hambre no eran cosa baladí y pasajera, según pudieron ver Tom y Becky. Estuvieron postrados en casa dos días siguientes, y cada vez parecían más cansados y desfallecidos. Tom se levantó un poco el jueves, salió a la calle el viernes, y para el sábado ya estaba como nuevo; pero Becky siguió en cama dos o tres días más, y cuando se levantó parecía que había pasado una larga y grave enfermedad.

   Tom et Becky devaient s’apercevoir qu’on ne passe pas impunément trois jours et trois nuits comme ceux qu’ils avaient passés. Ils restèrent au lit le mercredi et le jeudi. Tom se leva un peu ce jour-là et sortit le samedi. Becky ne quitta sa chambre que le dimanche, et encore avec la mine de quelqu’un qui relève d’une grave maladie.

   Tom se enteró de la enfermedad de Huck y fue a verlo; pero no lo dejaron entrar en la habitación del enfermo ni aquel día ni en los siguientes. Le dejaron verle después todos los días; pero le advirtieron que nada debía decir de la aventura, ni hablar de cosas que pudieran excitar al paciente. La viuda de Douglas presenció las visitas para ver que se cumplían esos preceptos. Tom supo en su casa del acontecimiento del monte Cardiff, y también que el cadáver del hombre harapiento había sido encontrado junto al embarcadero: sin duda se había ahogado mientras intentaba escapar.

   Tom apprit que Huck était très souffrant. Il alla le voir le vendredi, mais ne fut pas admis auprès de lui. Le samedi et le dimanche, il n’eut pas plus de succès. Le lundi et les jours qui suivirent, on le laissa s’asseoir au pied du lit de son ami, mais on lui défendit de raconter ses aventures et d’aborder des sujets susceptibles de fatiguer le malade. La veuve Douglas veilla elle-même à ce que la consigne fût observée. Tom apprit chez lui ce qui s’était passé sur la colline de Cardiff. Il apprit également qu’on avait retrouvé le corps de l’homme en haillons tout près de l’embarcadère où il avait dû se noyer en voulant échapper aux poursuites.

   Un par de semanas después de haber salido de la cueva fue Tom a visitar a Huck, el cual estaba ya sobradamente repuesto y fortalecido para oír hablar de cualquier tema, y Tom sabía de algunos que, según pensaba, habían de interesarle en alto grado. La casa del juez Thatcher le pillaba de camino, y Tom se detuvo allí para ver a Becky El juez y algunos de sus amigos le hicieron hablar, y uno de ellos le preguntó, con ironía, si le gustaría volver a la cueva. Tom dijo que sí y que ningún inconveniente tendría en volver.

   À une quinzaine de jours de là, Tom se rendit auprès de Huck, assez solide désormais pour aborder n’importe quel sujet de conversation. En chemin, il s’arrêta chez le juge Thatcher afin de voir Becky. Le juge et quelques-uns de ses amis firent bavarder le jeune garçon. L’une des personnes présentes demanda à Tom d’un ton ironique s’il avait envie de retourner à la grotte. Tom répondit que cela lui serait bien égal. Alors le juge déclara :

   — Pues mira —dijo el juez—, seguramente no serás tú el único. Pero ya hemos pensado en ello. No volverá nadie a perderse en la cueva.

   « Il y en a sûrement d’autres qui ont envie d’y retourner, Tom. Mais s’ils y vont, ils perdront leur temps. Nous avons pris nos précautions. Personne ne s’égarera plus jamais dans cette grotte.

   — ¿Por qué?

   – Pourquoi ?

   — Porque hace dos semanas que he hecho forrar la puerta con chapa de hierro y ponerle tres cerraduras. Y tengo yo las llaves.

   – Parce que j’ai fait cadenasser et barricader l’énorme portail qui autrefois en interdisait l’entrée. Et j’ai les clefs sur moi », ajouta M. Thatcher avec un sourire.

   Tom se quedó blanco como un papel.

   Tom devint blanc comme un linge.

   — ¿Qué te pasa, muchacho? ¿Qué es eso? ¡Que traigan agua en seguida!

   « Qu’y a-t-il, mon garçon ? Que quelqu’un aille vite lui chercher un verre d’eau ! »

   Trajeron el agua y le rociaron la cara.

   Le verre d’eau fut apporté et le juge aspergea le visage de notre héros.

   — Vamos, ya estás mejor. ¿Qué era lo que te pasaba, Tom?

   « Allons, ça va mieux maintenant ? Qu’est-ce que tu as bien pu avoir, Tom ?

   — ¡Señor juez, Joe el Indio está en la cueva!

   – Oh ! monsieur le juge, Joe l’Indien est dans la grotte ! »

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