Las aventuras de Tom Sawyer

LES AVENTURES DE TOM SAWYER

   Capítulo XXXIII

   CHAPITRE XXXIII

   En pocos minutos cundió la noticia, y una docena de botes estaban en marcha, y detrás siguió el vapor, repleto de pasajeros. Tom Sawyer iba en el mismo bote que conducía al Juez.

   En l’espace de cinq minutes, la nouvelle se répandit dans le village. Une douzaine de barques, chargées d’hommes, se détachèrent du rivage et furent bientôt suivies par le vieux bac rempli de passagers. Tom Sawyer avait pris place dans la même embarcation que le juge Thatcher.

   Al abrir la puerta de la cueva un lastimoso espectáculo se presentó a la vista en la densa penumbra de la entrada. Joe el Indio estaba tendido en el suelo, muerto, con la cara pegada a la juntura de la puerta, como si sus ojos anhelantes hubieran estado fijos hasta el último instante en la luz y en la gozosa libertad del mundo exterior. Tom se sintió conmovido porque sabía por experiencia propia cómo habría sufrido aquel desventurado. Sentía compasión por él, pero al propio tiempo una bienhechora sensación de descanso y seguridad, que le hacía ver, pues hasta entonces no había sabido apreciarlo por completo, la enorme pesadumbre del miedo que le agobiaba desde que había levantado su voz contra aquel proscrito sanguinario.

   Dès que l’on eut ouvert la porte de la grotte, un triste spectacle s’offrit à la vue des gens réunis dans la demi-obscurité de l’entrée. Joe l’Indien gisait, mort, sur le sol, le visage tout près d’une fente de la porte comme s’il avait voulu regarder la lumière du jour jusqu’à son dernier souffle. Tom fut ému car il savait par expérience ce que le bandit avait dû souffrir ; néanmoins, il éprouva une telle impression de soulagement qu’il comprit soudain au milieu de quelles sourdes angoisses il avait vécu, depuis sa déposition à la barre des témoins.

   Junto a Joe estaba su cuchillo, con la hoja partida. La gran viga que servía de base a la puerta había sido cortada poco a poco, astilla por astilla, con infinito trabajo: trabajo que, además, era inútil, pues la roca formaba un umbral por fuera y sobre aquel durísimo material la herramienta no había producido efecto; el único daño había sido para el propio cuchillo. Pero aunque no hubiera habido el obstáculo de la piedra, el trabajo también hubiera sido inútil, pues aun cortada la viga por completo Joe no hubiera podido hacer pasar su cuerpo por debajo de la puerta, y él lo sabía de antemano. Había estado, pues, desgastando con el cuchillo únicamente por hacer algo; para no sentir pasar el tiempo, para dar empleo a sus facultades impotentes y enloquecidas. Siempre se encontraban algunos cabos de vela clavados en los intersticios de la roca que formaba este vestíbulo, dejados allí por los excursionistas; pero no se veía ninguno. El prisionero los había buscado para comérselos. También había logrado cazar algunos murciélagos, y los había devorado sin dejar más que las uñas. El desventurado había muerto de hambre. Allí cerca se había ido elevando lentamente desde el suelo, durante siglos y siglos, una estalagmita construida por la gota de agua que caía de una estalactita en lo alto. El prisionero había roto la estalagmita y sobre el muñón había colocado un canto en el cual había tallado una ligera oquedad para recibir la preciosa gota, que cala cada veinte minutos, con la precisión desesperante de un mecanismo de relojería: una cucharadita cada veinticuatro horas. Aquella gota estaba cayendo cuando las pirámides de Egipto eran nuevas, cuando cayó Troya, cuando se pusieron los cimientos de Roma, cuando Cristo fue crucificado, cuando el Conquistador creó el imperio británico, cuando Colón se hizo a la vela.

   On retrouva près du cadavre le couteau de Joe brisé en deux. Le grand madrier à la base du portail présentait des marques d’entailles multiples et laborieuses. Labeur bien inutile, car le roc où il s’appuyait formait un rebord sur lequel le couteau avait fini par se briser. Si la pierre n’avait pas fait obstacle, et si le madrier avait été retiré, cela n’eût rien changé car jamais Joe l’Indien n’aurait pu passer sous la porte, et il le savait. Il avait tailladé le bois pour faire quelque chose, pour passer le temps interminable, pour oublier sa torture. D’ordinaire, on découvrait toujours dans la grotte des quantités de bouts de chandelle laissés par les touristes. Cette fois, on n’en trouva aucun, car Joe les avait mangés pour tromper sa faim. Il avait également mangé des chauves-souris dont il n’avait laissé que les griffes. Non loin de là, une stalagmite s’élevait, lentement édifiée à travers les âges par l’eau qui coulait goutte à goutte d’une stalactite. Le prisonnier avait brisé la pointe de la stalagmite et y avait placé une pierre dans laquelle il avait creusé un trou pour recueillir la goutte précieuse qui tombait là toutes les trois minutes avec la régularité d’une clepsydre. Une cuillerée en vingt-quatre heures. Cette goutte tombait déjà lorsque les Pyramides furent construites, lorsque Troie succomba, lorsque l’Empire romain fut fondé, lorsque le Christ fut crucifié, lorsque Guillaume le Conquérant créa l’Empire britannique, lorsque Christophe Colomb mit à la voile, lorsqu’eut lieu le massacre de Lexington.

   Está cayendo ahora; caerá todavía, cuando todas esas cosas se hayan desvanecido en las lejanías de la historia y en la penumbra de la tradición y se hayan perdido para siempre en la densa noche del olvido. ¿Tienen todas las cosas una finalidad y una misión? ¿Ha estado esta gota cayendo pacientemente cinco mil años para estar preparada a satisfacer la necesidad de este efímero insecto humano, y tiene algún otro importante fin que llenar dentro de diez mil años? No importa. Hace ya muchos que el desdichado mestizo ahuecó la piedra para recoger las gotas inapreciables; pero aun hoy día nada atrae y fascina los ojos del turista como la trágica piedra y el pausado gotear del agua, cuando va a contemplar las maravillas de la cueva de McDougal. «La copa de Joe el Indio» ocupa el primer lugar en la lista de las curiosidades de la caverna. Ni siquiera el «Palacio de Aladino» puede competir con ella.

   Elle tombe encore. Elle continuera de tomber lorsque tout ce qui nous entoure aura sombré dans la nuit épaisse de l’oubli. Tout sur cette terre a-t-il un but, un rôle à jouer pour le futur ? Cette goutte n’est-elle tombée patiemment pendant cinq mille ans que pour étancher la soif d’un malheureux humain ? Aura-t-elle une autre mission à accomplir dans dix mille ans ? Peu importe. Bien des années se sont écoulées depuis que le malheureux métis a creusé la pierre pour capter les précieuses gouttes. Mais ce sont désormais cette pierre, cette goutte d’eau auxquelles s’attarde le plus le touriste, quand il vient voir les merveilles de la grotte MacDougal. La « Tasse de Joe l’Indien » a évincé le « Palais d’Aladin » lui-même.

   Joe el Indio fue enterrado cerca de la boca de la cueva; la gente acudió al acto en botes y carros desde el pueblo y desde todos los caseríos y granjas de siete millas a la redonda; trajeron con ellos los chiquillos y toda suerte de provisiones de boca, y confesaban que lo habían pasado casi tan bien en el entierro como lo hubieran pasado viéndolo ahorcar.

   Joe l’Indien fut enterré à proximité de la grotte. On vint pour l’occasion de plus de quinze kilomètres à la ronde. Les gens arrivèrent en charrettes, à pied, en bateau. Les parents amenèrent leurs enfants. On apporta des provisions, et les assistants reconnurent qu’ils avaient pris autant de bon temps aux obsèques du bandit qu’ils en eussent pris à son supplice.

   Este entierro impidió que tomase mayores vuelos una cosa que estaba ya en marcha: la petición de indulto a favor de Joe el Indio al gobernador del Estado. La petición tenía ya numerosas firmas; se habían celebrado multitud de lacrimosos y elocuentes mítines y se había elegido un comité de mujeres sin seso para ver al gobernador, enlutadas y llorosas, a implorarle que se condujese como un asno benévolo y echase a un lado todos sus deberes. Se decía que Joe el Indio había matado a cinco habitantes de la localidad; pero ¿qué importaba eso? Si hubiera sido Satanás en persona no hubieran faltado gentes tiernas de corazón para poner sus firmas al pie de una solicitud de perdón y mojarla con una lágrima siempre pronta a escaparse del inseguro y agujereado depósito.

   Ceci eut au moins un avantage, celui de mettre fin à la demande de pétition adressée au gouverneur pour le recours en grâce du criminel. Cette pétition avait déjà réuni de nombreuses signatures et on avait formé un comité d’oies blanches chargées d’aller pleurnicher en grand deuil auprès du gouverneur, de l’implorer d’être un généreux imbécile et de fouler ainsi son devoir aux pieds. Joe l’Indien avait probablement le meurtre de cinq personnes sur la conscience. La belle affaire ! S’il avait été Satan lui-même, il y aurait encore eu assez de poules mouillées prêtes à griffonner une pétition de recours en grâce et à tirer une larme de leur fontaine toujours disposée à couler.

   Al día siguiente del entierro, Tom se llevó a Huck a un lugar solitario para departir con él graves asuntos. Ya para entonces la viuda de Douglas y el galés habían informado a Huck de todo lo concerniente a la aventura de Tom; pero éste dijo que debía de haber una cosa de la cual no le habían dicho nada, y de ella precisamente quería hablarle ahora.

    A Huck se le ensombreció el semblante.

   Le lendemain de l’enterrement, Tom emmena Huck dans un endroit désert afin d’avoir avec lui une importante conversation. Grâce à la veuve Douglas et au Gallois, Huck était au courant de tout ce qu’avait fait Tom pendant sa maladie, mais il restait certainement une chose qu’il ignorait et c’était d’elle que son ami voulait l’entretenir. La tristesse se peignit sur le visage de Huck.

   — Ya sé lo que es —dijo—. Tú fuiste al número dos y no encontraste más que whisky. Nadie me ha dicho que fueras tú; pero yo me figuré que tú eras en cuanto oí hablar de los del whisky; y me figuré que no habías cogido el dinero, porque ya te hubieras puesto al habla conmigo de un modo o de otro, y me lo hubieras contado a mí aunque no se lo dijeses a nadie más. Ya me daba el corazón que nunca nos haríamos con aquel tesoro.

   « Tom, dit-il, je sais de quoi tu veux me parler. Tu es entré au numéro 2 et tu n’y as vu que du whisky. Je sais bien que c’est toi qui as découvert le pot aux roses et je sais bien aussi que tu n’as pas trouvé l’argent, sans quoi tu te serais arrangé pour me le faire savoir, même si tu n’avais rien dit aux autres. Tom, j’ai toujours eu l’impression que nous ne mettrions jamais la main sur ce magot.

   — No, Huck, no acusé yo al amo de la posada. Tú sabes que nada le había ocurrido cuando yo fui a la merienda. ¿No te acuerdas que tú ibas a estar allí de centinela aquella noche?

   – Tu es fou, Huck. Ce n’est pas moi qui ai dénoncé l’aubergiste. Tu sais très bien que la taverne avait l’air normale le jour où je suis allé au pique-nique. Tu ne te rappelles pas non plus que cette nuit-là tu devais monter la garde ?

   — ¡Es verdad! Parece que ya hace años de eso. Fue la noche en que fui siguiendo a Joe el Indio hasta la casa de la viuda.

   – Oh ! si. Il me semble qu’il y a des années de cela. C’est cette nuit-là que j’ai suivi Joe l’Indien jusque chez la veuve.

   — ¿La seguiste tú?

   – Tu l’as suivi ?

   — Sí..., pero no hables de eso. Puede ser que Joe haya dejado amigos. No quiero que vengan contra mí y me jueguen malas partidas. Si no hubiera sido por mí estaría a estas horas en Texas, tan fresco.

   – Oui, mais tu ne le diras à personne. Il se peut très bien que Joe ait encore des amis et je ne veux pas qu’on vienne me demander des comptes. Sans moi, il serait au Texas à l’heure qu’il est. »

   Entonces contó Huck, confidencialmente, todos los detalles de su aventura, pues el galés sólo le había contado a Tom una parte de ella.

   Alors Huck raconta ses aventures à Tom qui n’avait entendu que la version du Gallois.

   — Bueno —dijo Huck después, volviendo al asunto principal—, quienquiera que cogió el whisky, echó mano también al dinero y, a lo que a mí me parece, ya no lo veremos nosotros, Tom.

   « Tu vois, fit Huck, revenu par ce détour au sujet qui les occupait, celui qui a découvert du whisky au numéro 2 a découvert aussi le trésor et l’a barboté… En tout cas, mon vieux Tom, je crois que nous pouvons en faire notre deuil.

   — Huck, el dinero no estuvo nunca en el número dos.

   – Huck, je vais te dire une chose : cet argent n’a jamais été au numéro 2 !

   — ¡Qué! —exclamó Huck examinando ansiosamente la cara de su compañero—. ¿Estás otra vez en la pista de esos cuartos?

   – Quoi ! Aurais-tu donc retrouvé la trace du trésor, Tom ?

   — ¡Están en la cueva!

   – Huck, le coffre est dans la grotte. »

   Los ojos de Huck resplandecieron.

   Les yeux de Huck brillèrent.

   — ¡Vuelve a decirlo, Tom!

   « Tu en es sûr ?

   — El dinero está en la cueva.

   – Oui, absolument.

   — Tom, ¡di la verdad! ¿Es en broma o en serio?

   – Tom, c’est vrai ? Tu n’es pas en train de te payer ma tête ?

   — En serio, Huck. En mi vida hablé más en serio. ¿Quieres venir a la cueva y ayudarme a sacarlo?

   – Non, Huck. Je te le jure sur tout ce que j’ai de plus cher. Veux-tu aller à la grotte avec moi et m’aider à en sortir le coffre ?

   — ¡Ya lo creo! Cuando quieras, si está donde podamos llegar sin que nos perdamos.

   – Tu penses ! J’y vais tout de suite. À une condition pourtant. C’est que tu me promettes que nous ne nous perdrons pas.

   — Hacerlo es lo más fácil del mundo.

   – Mais non, tu verras. Ce sera simple comme bonjour.

   — ¡Qué gusto! ¿Y qué te hace pensar que el dinero está allí?

   – Sapristi ! Mais qu’est-ce qui te fait dire que l’argent…

   — Espérate a que estemos allí, Huck. Si no lo encontramos me comprometo a darte mi tambor y todo lo que tengo en el mundo. Te lo juro.

   – Huck, attends que nous soyons là-bas. Si nous ne trouvons pas le coffre, je te jure que je te donne mon tambour et tout ce que je possède. Je le jure !

   — Muy bien. ¿Cuándo quieres que vayamos?

   – Entendu… J’accepte. Quand y vas-tu ?

   — Ahora mismo, si tú lo dices. ¿Tendrás bastantes fuerzas?

   – Maintenant, si le cœur t’en dit. Te sens-tu assez fort ?

   — ¿Está muy adentro de la cueva? Ya hace tres o cuatro días que me tengo de pie; pero no podré andar más de una milla, al menos me parece que podría andarla.

   – Est-ce que c’est loin à l’intérieur de la grotte ? Je me suis levé il y a trois jours et j’ai encore des jambes de coton. Je ne pourrais pas faire plus d’un kilomètre ou deux.

   — Hay cinco millas hasta allí, por el camino que iría otro cualquiera que no fuera yo; pero hay un atajo que nadie sabe más que yo. Huck, yo te llevaré hasta allí en un bote. Voy a dejar que el bote baje con la corriente hasta cierto sitio, y luego lo traeré yo solo remando. No necesitas mover una mano.

   – Il y a une dizaine de kilomètres en passant par où tout le monde passe. Mais moi, je connais un fameux raccourci. Je suis même le seul à le connaître. Tu verras. Je t’emmènerai et te ramènerai en bateau. Tu n’auras pratiquement rien à faire.

   — Vámonos en seguida, Tom.

   – Alors, partons tout de suite, Tom.

   — Está bien; necesitamos pan y algo de comida, las pipas, un par de saquitos, dos o tres cuerdas de cometas y algunas de esas cosas nuevas que llaman cerillas fosfóricas. ¡Cuántas veces las eché de menos cuando estuve allí la otra vez!

   – Si tu veux. Il nous faut du pain, un peu de viande, nos pipes, un ou deux petits sacs, deux ou trois pelotes de ficelle à cerf-volant et une boîte de ces nouvelles allumettes qu’on vend chez l’épicier. »

   Un poco después de mediodía los muchachos tomaron en préstamo un pequeño bote, de un vecino que estaba ausente, y en seguida se pusieron en marcha. Cuando ya estaban algunas millas más abajo del «Barranco de la Cueva», dijo Tom:

   Un peu après midi, les deux garçons « empruntèrent » la barque d’un brave villageois absent et se mirent en route. Lorsqu’ils furent à quelques kilomètres au-delà du « creux de la grotte », Tom dit à Huck :

   — Ahora estás viendo esa ladera que parece toda igual según se baja desde el «Barranco de la Cueva»: no hay casas, serrerías, nada sino matorrales, todos parecidos. Pero, ¿ves aquel sitio blanco allá arriba, donde ha habido un desprendimiento de tierras? Pues ésa es una de mis señales. Ahora vamos a desembarcar.

   « Tu vois la falaise en face. Il n’y a ni maison, ni bois, ni buisson, rien. Ça se ressemble pendant des kilomètres et des kilomètres. Mais regarde là-bas, cette tache blanche. Il y a eu là un éboulement de terrain. Ça me sert de point de repère. Nous allons aborder. »

   Saltaron a tierra.

   C’est ce qu’ils firent.

   — Mira, Huck, desde donde estás ahora podías tocar el agujero con una caña de pescar. Anda a ver si das con él.

   « Maintenant, mon petit Huck, fit Tom, cherche-moi ce trou par lequel je suis sorti avec Becky. On va voir si tu y arrives. »

   Huck buscó por todas partes y nada encontró. Tom, con aire de triunfo, penetró en una espesura de matorrales.

   Au bout de quelques minutes, Huck s’avoua vaincu. Tom écarta fièrement une touffe de broussailles et découvrit une petite excavation.

   — ¡Aquí está! —dijo—. Míralo, Huck. Es el agujero mejor escondido que hay en todo el país. No se lo digas a nadie. Siempre he estado queriendo ser bandolero, pero sabía que necesitaba una cosa como ésta, y la dificultad estaba en tropezar con ella. Ahora ya la tenemos, y hay que guardar el secreto. Sólo se lo diremos a Joe Harper y Ben Rogers, porque, por supuesto, tiene que haber una cuadrilla, y si no, no parecería bien. ¡La cuadrilla de Tom Sawyer!... Suena bien, ¿no es verdad, Huck?

   « Nous y voilà ! s’écria-t-il. Regarde-moi ça, Huck ! C’est ce qu’il y a de plus beau dans le pays. Toute ma vie, j’ai rêvé d’être brigand, mais je savais que pour le devenir il me fallait dénicher un endroit comme celui-là. Nous l’avons maintenant et nous ne le dirons à personne, à moins que nous ne prenions Joe Harper et Ben Rogers avec nous. Bien entendu, il va falloir former une bande, sans quoi ça ne ressemblerait à rien. La bande de Tom Sawyer… Hein, avoue que ça sonne bien ! Avoue que ça a de l’allure, non ?

   — Ya lo creo, Tom. ¿Y a quién vamos a robar?

   – Si, tout à fait. Et qui allons-nous dévaliser ?

   — Pues a casi todo el mundo. Secuestrar gente... es lo que más se acostumbra.

   – Oh ! presque tout le monde. Tous ceux qui tomberont dans nos embuscades. C’est encore ce qu’il y a de mieux.

   — Y matarlos.

   – Et nous les tuerons ?

   — No, no siempre. Tenerlos escondidos en la cueva hasta que paguen rescate.

   – Non. Nous les garderons dans la grotte jusqu’à ce qu’ils paient une rançon.

   — ¿Qué es rescate?

   – Qu’est-ce que c’est que ça, une rançon ?

   — Dinero. Se les hace que sus parientes reúnan todo el dinero que puedan, y después que se los ha tenido un año presos, si no pagan, se les mata. Unicamente no se mata a las mujeres: se las tiene encerradas, pero se les perdona la vida. Son siempre guapísimas y ricas y están la mar de asustadas. Se les roba los relojes y cosas así, pero siempre se quita uno el sombrero y se les habla con finura. No hay nadie tan fino como los bandoleros: eso lo puedes ver en cualquier libro. Bueno, las mujeres acaban por enamorarse de uno, y después que han estado en la cueva una semana o dos ya no lloran más, y después de eso ya no hay modo de hacer que se marchen. Si uno las echa fuera, en seguida dan la vuelta y allí están otra vez. Así está en todos los libros.

   – C’est de l’argent. Tu obliges les gens à demander à leurs amis tout ce qu’ils peuvent donner et, au bout d’un an, s’ils n’ont pas réuni une somme suffisante, tu les tues. En général, c’est comme cela que ça se passe. Seulement, on ne tue pas les femmes. On s’arrange pour les faire taire. C’est tout. Elles sont toujours belles et riches et elles ont une peur bleue des voleurs. On leur prend leur montre et leurs bijoux, mais toujours après avoir enlevé son chapeau et en leur parlant poliment. Il n’y a pas plus poli que les voleurs. Tu verras ça dans n’importe quel livre. Alors, elles tombent amoureuses de toi et, après deux ou trois semaines dans la grotte, elles s’arrêtent de pleurer et ne veulent plus te quitter. Si tu les chasses, elles reviennent. Je t’assure que c’est comme ça dans tous les livres.

   — Pues entonces es la mejor cosa del mundo. Me parece que es mejor que ser pirata.

   – Dis donc, Tom, mais c’est épatant cette vie-là. Je crois que ça vaut encore mieux que d’être pirate.

   — Sí; en algunas cosas es mejor, porque se está más cerca de casa y de los circos y de todo eso...

   – Oui, ça vaut mieux dans un sens parce qu’on n’est pas loin de chez soi et qu’on peut aller au cirque. »

   Para entonces ya estaban hechos los preparativos, y los muchachos, yendo Tom delante, penetraron por el boquete. Llegaron trabajosamente hasta el final del túnel; después ataron las cuerdas y prosiguieron la marcha. A los pocos pasos estaban en el manantial, y Tom sintió correrle un escalofrío por todo el cuerpo. Enseñó a Huck el trocito de pabilo sujeto al muro con una pella de barro, y le contó cómo Becky y él habían estado mirando la agonía de la llama hasta que se apagó.

   Sur ce, les deux camarades, ayant débarqué tout ce qu’il leur fallait, pénétrèrent dans le trou. Tom ouvrait la marche. Ils fixèrent solidement leur ficelle et, après avoir longé le couloir, arrivèrent au petit ruisseau. Tom ne put réprimer un frisson. Il montra à Huck les restes de sa dernière chandelle et lui expliqua comment Becky et lui avaient vu expirer la flamme.

   Siguieron hablando en voz muy baja, porque el silencio y la lobreguez de aquel lugar sobrecogía sus espíritus. Marcharon adelante y entraron después por la otra galería, explorada por Tom, hasta que llegaron al borde cortado a pico. Con las velas pudieron ver que no era realmente un despeñadero, sino un declive de arcilla de siete o diez metros de altura. Tom murmuró:

   Oppressés par le silence et l’obscurité du lieu, les deux garçons reprirent leur marche sans mot dire et ne s’arrêtèrent qu’à l’endroit où Tom avait aperçu Joe l’Indien. À la lueur de leurs chandelles, ils constatèrent qu’ils étaient au bord d’une sorte de faille, profonde de dix mètres à peine.

   — Ahora voy a enseñarte una cosa, Huck.

   — Levantó la vela cuanto pudo y prosiguió:

   — Mira al otro lado de la esquina estirándote todo lo que puedas. Allí en aquel peñasco grande..., pintada con humo de vela...

   « Huck, fit Tom à voix basse, je vais te montrer quelque chose. Tu vois là-bas ? Là, juste sur le gros rocher. C’est dessiné avec la fumée.

   — ¡Es una cruz, Tom!

   – Tom, mais c’est une croix !

   — Y ahora, ¿dónde está tu número dos? «Debajo de la cruz», ¿eh? Allí mismo es donde vi a Joe el Indio sacar la mano con la vela.

   – Et maintenant, où est ton numéro 2 ? Sous la croix, hein ? C’est exactement là que j’ai vu Joe brandir sa chandelle. »

   Huck se quedó mirando un rato al místico emblema y luego dijo con voz trémula:

   Huck contempla un instant l’emblème sacré et finit par dire d’une voix tremblante :

   — ¡Vamos a escapar de aquí, Tom!

   « Tom, allons-nous-en !

   — ¡Qué! ¿Y dejar el tesoro?

   – Quoi ! Tu veux laisser le trésor ?

   — Sí, dejarlo. El ánima de Joe el Indio anda por aquí, seguro.

   – Oui, ça m’est égal. Le fantôme de Joe l’Indien rôde sûrement par ici.

   — No, Huck, no anda por ahí. Rondará por el sitio donde murió, allá en la entrada de la cueva, a cinco millas de aquí.

   – Mais non, Huck, mais non. Il rôde là où Joe est mort. C’est à l’entrée de la grotte, à une dizaine de kilomètres d’ici.

   — No, Tom. Estará aquí rondando los dólares. Yo sé lo que les gusta a los fantasmas, y tú también.

   – Non, Tom, le fantôme n’est pas loin. Il doit tourner autour du trésor. Je m’y connais en fantômes, et toi aussi pourtant. »

   Tom empezaba a pensar que acaso Huck tuviera razón. Mil temores le asaltaban. Pero de pronto se le ocurrió una idea:

   Tom commença à redouter que son ami n’eût raison, mais soudain, une idée lui traversa l’esprit.

   — ¡No seamos tontos, Huck! ¡El espíritu de Joe el Indio no puede venir a rondar donde hay una cruz!

   « Écoute, Huck, nous sommes des idiots, toi et moi. Le fantôme de Joe ne peut pas rôder là où il y a une croix. »

   El argumento no tenía vuelta de hoja. Produjo su efecto.

   L’argument était de poids. Huck en fut tout ébranlé.

   — No se me ha ocurrido, Tom; pero es verdad. Suerte ha sido que esté ahí la cruz. Bajaremos por aquí y nos pondremos a buscar la caja.

   « J’avoue que je n’avais pas pensé à cela, Tom. Mais tu as raison. Nous avons finalement de la chance qu’il y ait cette croix. Allons, il faut essayer de descendre et de dénicher le coffre. »

   Tom bajó primero, excavando huecos en la arcilla para servir de peldaños. Huck siguió detrás. Cuatro galerías se abrían en la caverna donde estaba la roca grande. Los muchachos recorrieron tres de ellas sin resultado. En la más próxima a la base de la roca encontraron un escondrijo con una yacija de mantas extendida en el suelo; había además unos tirantes viejos, unas cortezas de tocino y los huesos, mondos y bien roídos, de dos o tres gallinas. Pero no había la caja con dinero. Los muchachos buscaron y rebuscaron en vano. Tom reflexionó.

   À l’aide de son couteau, Tom se mit en devoir de tailler des marches grossières dans l’argile. Les deux garçons finirent par atteindre le fond de la faille. Quatre galeries s’ouvraient devant eux. Ils en examinèrent trois sans résultat. À l’entrée de la quatrième, tout contre le rocher marqué d’une croix, ils découvrirent un réduit qui leur avait échappé tout d’abord. Sur le sol était étendue une paillasse avec des couvertures. Une vieille paire de bretelles gisait dans un coin ainsi qu’une couenne de bacon et un certain nombre d’os de volaille à demi rongés. Mais nulle trace de coffre ! Tom et Huck eurent beau chercher, ils ne trouvèrent rien.

   — El dijo bajo la cruz. Bien; esto viene a ser lo que está más cerca de la cruz. No puede ser bajo la roca misma porque no queda hueco entre ella y el piso.

   « Dis donc, Huck, fit notre héros, Joe avait dit : « sous la croix ». Or, nous ne pouvons pas être plus près de la croix que nous le sommes en ce moment. D’un autre côté, je ne pense pas que le trésor soit enfoui sous le rocher, parce que ça doit être impossible de creuser dans la pierre. »

   Rebuscaron de nuevo por todas partes y al cabo se sentaron desalentados. A Huck no se le ocurría ninguna idea.

   Ils cherchèrent une fois de plus, puis s’assirent, découragés.

   — Mira, Huck —dijo Tom después de un rato—; hay pisadas y goterones de vela en el barro por un lado de esta peña, pero no por los otros. ¿Por qué es eso? Apuesto a que el dinero está debajo de la peña. Voy a cavar en la arcilla.

   « Hé, Huck, fit Tom au bout d’un moment, il y a des empreintes de pied par ici et des taches de suif. Ça fait presque le tour du rocher mais ça s’arrête brusquement. Il doit bien y avoir une raison à cela. Moi, je parie que le coffre est enterré au pied du rocher. Je vais creuser l’argile. On verra bien.

   — ¡No está eso mal, Tom! — dijo Huck reanimándose.

   – Ce n’est pas une mauvaise idée », fit Huck.

   El «verdadero Barlow» de Tom entró en seguida en acción, y no habían ahondado cuatro pulgadas cuando tocó maderas.

   Tom sortit son couteau. À peine avait-il creusé quelques centimètres que la lame heurta un morceau de bois.

   — ¡Eh, Huck! ¿Lo oyes?

   « Huck ! Tu as entendu ? »

   Huck empezó a escarbar con furia. Pronto descubrieron unas tablas y las levantaron. Ocultaban una ancha grieta natural que se prolongaba bajo la roca. Tom se metió dentro, alumbrando con la vela lo más lejos que pudo por debajo de la peña; pero dijo que veía el fin de aquello. Propuso que lo explorasen y se metió por debajo de la roca, con Huck a la zaga. La estrecha cavidad descendía gradualmente. Siguieron su quebrado curso, primero hacia la derecha, y a la izquierda después. Tom dobló una rápida curva y exclamó:

   Huck se mit à creuser à son tour. Les deux compères eurent tôt fait de découvrir et de déplacer les quelques planches qui formaient comme une trappe. Cette trappe, elle-même, dissimulait une excavation naturelle sous le rocher. Tom s’y faufila, tendit sa chandelle aussi loin qu’il put, mais sans apercevoir l’extrémité de la faille. Il voulut aller plus avant, passa sous le rocher ; l’étroit sentier descendait par degrés. Tom en suivit les contours, tantôt à droite, tantôt à gauche, Huck sur ses talons. Soudain, après un tournant très court, Tom s’exclama :

   — ¡Huck, Huck!, ¡mira aquí!

   « Mon Dieu, Huck, regarde-moi ça ! »

   Era la caja del tesoro, sin duda posible, colocada en una diminuta caverna, en compañía de un barril de pólvora, dos fusiles con fundas de cuero, dos o tres pares de mocasines viejos, un cinturón y otras cosas heterogéneas, todo empapado por la humedad de las goteras.

   C’était bien le coffre au trésor, niché dans un joli creux de roche. À côté, on pouvait voir un baril de poudre complètement vide, deux fusils dans leur étui de cuir, deux ou trois paires de mocassins, une ceinture et divers objets endommagés par l’humidité.

   — ¡Ya lo tenemos! —dijo Huck hundiendo las manos en las mohosas monedas—. ¡Pero si somos ricos, Tom!

   « Enfin, il est à nous ! s’écria Huck en se précipitant vers le coffre et en enfouissant les mains dans les dollars ternis. Nous sommes riches, mon vieux Tom !

   — Huck, yo siempre pensé que sería para nosotros. Parece cosa demasiado buena para creerla, pero aquí lo tenemos. ¡Aquí está! Ahora, no gastaremos tiempo; vamos a sacarlo fuera. Déjame ver si puedo sacar la caja.

   – Huck, j’étais sûr que nous mettrions la main dessus. C’est presque trop beau pour être vrai, hein ? Dis donc, ne nous attardons pas ici. Essayons de soulever le coffre. »

   Pesaba unos veinticinco kilos. Tom podía levantarla un poco, pero no podía cargar con ella.

   Le coffre pesait bien vingt-cinq kilos. Tom réussit à le soulever, mais il fut incapable de le déplacer.

   — Ya lo pensaba yo —dijo—; parecía que les pesaba mucho cuando se la llevaban de la casa encantada, y me fijé en ello. He hecho bien en traer las talegas.

   « Je m’en doutais, dit-il. J’ai bien vu que c’était lourd à la façon dont Joe et son complice l’ont emporté quand ils ont quitté la maison hantée. Je crois que j’ai eu raison d’emmener des sacs. »

   En un momento metieron el dinero en los sacos y los subieron hasta la roca donde estaba la cruz.

   L’argent fut transféré dans les sacs et déposé au pied du rocher marqué d’une croix.

   — Ahora vamos a buscar las escopetas y aquellas otras cosas — dijo Huck.

   « Maintenant, allons chercher les fusils et les autres affaires, suggéra Huck.

   — No, Huck; déjalas allí. Son precisamente lo que nos hace falta cuando nos metamos en el bandidaje. Vamos a tenerlas allí siempre, y, además, celebraremos allí nuestras orgías. Es un sitio que ni pintado para orgías.

   – Non, mon vieux. Nous en aurons besoin quand nous serons des brigands. Laissons-les où ils sont, puisque c’est là que nous ferons aussi nos orgies. C’est un joli coin pour faire des orgies !

   — ¿Qué son orgías?

   – Qu’est-ce que c’est, des orgies ?

   — No lo sé. Pero los bandoleros siempre tienen orgías y, por supuesto, nosotros tendremos que tenerlas también. Vamos andando, Huck, que hemos estado aquí mucho tiempo y se nos hace tarde. Además, tengo hambre. Comeremos y fumaremos en el bote.

   – Je ne sais pas, mais les brigands font toujours des orgies, et nous en ferons. Allez, viens, nous sommes restés ici assez longtemps. Il est tard, je crois. Et puis, je meurs de faim. Nous mangerons un morceau et nous fumerons une pipe dans la barque. »

   Aparecieron después en la espesura del matorral. Miraron cautelosamente en tomo, vieron que no andaba nadie por allí, y poco después estaban almorzando en el bote. Cuando el sol descendía ya hacia el ocaso desatracaron y emprendieron la vuelta. Tom fue bordeando la orilla durante el largo crepúsculo, charlando alegremente con Huck, y desembarcaron ya de noche.

   Après avoir émergé des buissons de sumac et jeté un regard prudent alentour, ils trouvèrent le champ libre et regagnèrent la barque où ils se restaurèrent. Ils repartirent au coucher du soleil. Tom longea la côte pendant le long crépuscule, tout en devisant gaiement avec Huck. Ils accostèrent à la nuit tombée.

   — Ahora, Huck —dijo Tom—, vamos a esconder el dinero en el desván de la leñera de la viuda, y yo iré por la mañana a contarlo para hacer el reparto, después buscaremos un sitio en el bosque donde esté seguro. Tú te quedas aquí y cuidas de los sacos, mientras yo voy corriendo y cojo el carrito de Benny Taylor. No tardo un minuto.

   « Maintenant, dit Tom, nous irons cacher le magot dans le bûcher de la veuve. Demain matin, je monterai te retrouver. Nous compterons les dollars, nous les partagerons et nous dénicherons une cachette dans les bois où ils seront en sûreté. Pour le moment, reste ici à surveiller notre trésor. Moi, je vais filer et « emprunter » la charrette à bras de Benny Taylor. Je serai de retour dans une minute. »

   Desapareció, y a poco se presentó con el carro, puso en él los dos sacos, los tapó con unos trapos y echó a andar arrastrando su carga. Cuando llegaron frente a la casa del galés se pararon para descansar. Ya se disponían a seguir su camino, cuando salió el galés a la puerta.

   En effet, Tom ne fut pas long. Il revint avec la charrette, y chargea les deux sacs, les dissimula sous de vieux chiffons et se mit en route en remorquant sa précieuse cargaison. Comme ils passaient devant la ferme, le Gallois parut sur le pas de sa porte et interpella les deux compères.

   — ¡Eh!, ¿quién va ahí? — dijo.

   « Hé ! qui va là ?

   — Huck y Tom Sawyer.

   – Huck et Tom Sawyer.

   — ¡Magnífico! Veníos conmigo, chicos, que estáis haciendo esperar a todos. ¡Hala, deprisa! Yo os llevaré el carro. Pues pesa más de lo que parece... ¿Qué lleváis aquí, ladrillos o hierro viejo?

   – Ah ! tant mieux. Venez avec moi, les enfants. Tout le monde vous attend. Allons, plus vite ! Je vais vous aider à tirer votre voiture. Tiens, tiens, mais ce n’est pas aussi léger que ça en a l’air, ce qu’il y a dedans. Qu’est-ce que c’est ? Des briques ? De la ferraille ?

   — Metal viejo — contestó Tom.

   – De la ferraille, dit Tom.

   — Ya me parecía. Los chicos de este pueblo gastan más trabajo y más tiempo en buscar cuatro pedazos de hierro viejo para venderlo en la fundición, que gastarían en ganar doble dinero trabajando como Dios manda. Pero así es la humanidad. ¡Deprisa, chicos, deprisa!

   – Je m’en doutais. Les gars du village se donnent plus de mal à trouver des bouts de fer qu’ils vendront dix sous, qu’ils ne s’en donneraient à travailler et à gagner le double. Mais quoi, la nature humaine est ainsi faite. Allons, plus vite que ça ! »

   Los chicos le preguntaron el porqué de aquel apresuramiento.

   Les garçons auraient bien voulu savoir pourquoi le Gallois était si pressé.

   — No os preocupéis; lo veréis en cuanto lleguemos a casa de la viuda.

   « Vous verrez quand vous serez chez la veuve Douglas, leur déclara le vieil homme.

   Huck dijo, con cierta escama, porque estaba de antiguo acostumbrado a falsas acusaciones:

   – Monsieur Jones, risqua Huck, un peu inquiet. Nous n’avons rien fait de mal ? »

   — Míster Jones, no hemos estado haciendo nada.

   El galés se echó a reír.

   Le Gallois éclata de rire.

   — De eso no sé nada, Huck. Yo no sé nada. ¿No estáis la viuda y tú en buenos términos?

   « Je ne sais pas, mon petit Huck. Je ne peux pas te dire. En tout cas, la veuve Douglas et toi vous êtes bons amis, n’est-ce pas ?

   — Sí. Al menos ella ha sido buena conmigo.

   – Oui, elle a été très gentille pour moi.

   — Pues entonces, ¿qué tienes que temer?

   – Alors, ce n’est pas la peine d’avoir peur, pas vrai ? »

   Esta pregunta no estaba aún satisfactoriamente resuelta en la despaciosa mente de Huck cuando fue empujado, juntamente con Tom, en el salón de recibir de la viuda. Jones dejó el carro a la puerta y entró tras ellos.

   Huck n’avait pas encore répondu mentalement à cette question que Tom et lui étaient introduits dans le salon de Mme Douglas par M. Jones.

   El salón estaba profusamente iluminado, y toda la gente de alguna importancia en el pueblo estaba allí: los Thatcher, los Harper, los Rogers, tía Polly, Sid, Mary, el reverendo pastor, el director del periódico y muchos más, todos vestidos con el fondo del área. La viuda recibió a los muchachos con tanta amabilidad como hubiera podido mostrar cualquiera ante dos seres de aquellas trazas. Estaban cubiertos de la cabeza a los pies de barro y de sebo. Tía Polly se puso colorada como un tomate, de pura vergüenza, y frunció el ceño a hizo señas amenazadoras a Tom. Pero nadie sufrió tanto, sin embargo, como los propios chicos.

   La pièce était brillamment éclairée et toutes les notabilités du village se trouvaient réunies. Il y avait là les Thatcher, les Harper, les Rogers, tante Polly, Sid, Mary, le pasteur, le directeur du journal local. Tous s’étaient mis sur leur trente et un. La veuve accueillit les deux garçons aussi aimablement qu’on peut accueillir deux individus couverts de terre glaise et de taches de suif. Tante Polly rougit de honte à la vue de son neveu et fronça les sourcils à son intention. Néanmoins, personne ne fut aussi gêné que les deux explorateurs eux-mêmes.

   — Tom no estaba en casa todavía —dijo el galés—; así es que desistí de traerlo; pero me encontré con él y con Huck en mi misma puerta y me los traje más que a paso.

   « Tom n’était pas encore rentré chez lui, déclara M. Jones, et j’avais renoncé à vous les ramener, quand je suis tombé par hasard sur Huck et sur lui. Ils passaient devant chez moi et je les ai obligés à se dépêcher.

   — Hizo usted muy bien —dijo la viuda—. Venid conmigo, muchachos.

   – Vous avez joliment bien fait, fit la veuve. Venez avec moi, mes enfants. »

   Se los llevó a una alcoba y les dijo:

   Elle les emmena dans une chambre à coucher et leur dit :

   — Ahora os laváis y os vestís. Ahí están dos trajes nuevos, camisas, calcetines, todo completo. Son de Huck. No, no me des las gracias, Huck. Míster Jones ha comprado uno y yo el otro. Pero os vendrán bien a los dos. Vestíos deprisa. Os esperaremos, y en cuanto estéis lo bastante limpios vais allá.

   « Maintenant, lavez-vous et habillez-vous proprement. Voilà deux complets, des chemises, des chaussettes, tout ce qu’il faut. C’est à Huck… Non, non, Huck. Pas de remerciements. C’est un cadeau que nous te faisons, M. Jones et moi. Oui, c’est à Huck, mais vous êtes à peu près de la même taille. Habillez-vous. Nous vous attendrons. Vous descendrez quand vous serez devenus élégants. »

   Después se marchó.

   Sur ce, Mme Douglas se retira.

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